2. ¿Qué es lo que realmente quiero? La importancia del objetivo

Un sueño solo puede triunfar sobre la realidad si se le da la oportunidad.

Stanislaw Lem

Para hacer que un sueño se haga realidad tienes que transformar tu deseo en una meta alcanzable. Una cosa es tener la intención de hacer algo, de lograr algo, y otra cosa es llevarlo a cabo. La diferencia entre un deseo y una intención implementada, tal y como menciona Peter Gollwitzer, profesor de Psicología en la New York University y autor de varios artículos sobre la consecución de objetivos, es el vacío entre lograr algo o no hacerlo.

Por lo tanto, si tienes la intención de cambiar tu alimentación, empieza por definir concretamente qué es lo que quieres. Pregúntate algo sencillo como ¿Qué quiero conseguir? ¿Cuál es el problema que quiero solucionar? ¿Cuál es el objetivo que quiero alcanzar? Una vez lo hayas pensado, debes tener en cuenta que la manera como lo hayas formulado puede condicionar el éxito que tengas en alcanzarlo. Para asegurarte de que has formulado el objetivo correctamente puedes usar nuestra técnica PRAMPE.

La palabra PRAMPE es un acróstico mnemotécnico, una técnica que te ayuda a la memorización, formado por las iniciales de las siguientes palabras: Positivo – Realista – Acordado – Medible – Personal – Específico.

Usa la técnica PRAMPE de la siguiente manera: coge tu objetivo tal y como lo has pensado y escríbelo en un papel, por ejemplo: «Quiero estar más delgada». Ahora analízalo desde el punto de vista de los seis aspectos de la palabra PRAMPE.

2. ¿Qué es lo que realmente quiero? La importancia del objetivo

Positivo

Para empezar, el objetivo que has pensado ¿está formulado en positivo?

«Quiero estar más delgada» no es lo mismo que «No quiero estar gorda». Piensa siempre en lo que quieres, en lugar de lo que no quieres. El cerebro no distingue las órdenes negativas, por eso si te dicen: «NO pienses en un elefante azul», ¿en qué has pensado? Es fácil apostar que has pensado en el elefante azul. Pues ya ves, empieza por algo tan sencillo como enfocar tu mente hacia aquello que sí quieres conseguir, hacia la situación deseada, y no hacia lo que quieres evitar.

Realista

Lo siguiente que te tienes que preguntar es si tu objetivo es realista. «Quiero estar más delgada», será o no realista en función del peso que quieras perder y el tiempo que pretendas invertir en ello. ¿Se casa tu hermana el mes que viene y te sobran diez kilos? Perder diez kilos en un mes no es un objetivo realista. Si hablamos de perder peso, un objetivo realista y saludable, según los expertos en nutrición estaría alrededor de los dos a cuatro kilos por mes, dependiendo del peso del que partas.

Si te planteas perder más kilos de los que en realidad deberías o puedes perder, lo que vas a lograr es frustrarte y desmoralizarte rápidamente, ya que es probable que tu progreso no cumpla con tus expectativas.

Acordado y no impuesto

También es importante que tengas en cuenta si el objetivo es tuyo o impuesto por otra persona. ¿Quieres realmente estar más delgada o lo haces porque tu novio o tu novia, tu madre o tu amiga te han dicho que lo deberías hacer? Complacer a los demás puede ser un factor motivador al inicio pero no es sostenible en el tiempo, porque cuando haces las cosas en contra de tu voluntad aparecen sentimientos de resentimiento hacia la otra persona y de malestar con uno mismo por haberse traicionado. Por eso, el propósito de cambio tiene que ser tuyo, no de otro.

Si lo que te pasa es que te ves obligado a cambiar tu alimentación por motivos de salud, te ayudará a sentirte más motivado el hecho de ver la parte positiva, los beneficios de tu objetivo. Por ejemplo, si tienes que cambiar tu alimentación porque tienes la tensión alta, y tu estado de salud no es algo que a ti te preocupe excesivamente, puedes pararte a pensar qué tendrá de bueno el cambio en tu alimentación, además de mejorar tu tensión arterial, claro. Por ejemplo, puedes pensar que mejorar tu alimentación te ayudará a sentirte más ligero para poder jugar con tus nietos, podrás agacharte a atarte los cordones de los zapatos o ponerte los calcetines sin dificultad, podrás ponerte de nuevo prendas de ropa ajustadas que hace tiempo no te ponías, usar biquini en verano, o tener la energía suficiente para participar en esa carrera popular que tanta ilusión te hace. En fin, puede haber una larga lista de motivos por los cuales vale la pena llevar a cabo el cambio. Tienes que saber cuáles son los tuyos.

Cada uno de nosotros tiene su lista de beneficios propios asociados al objetivo. Te será muy útil escribir esos beneficios en una tarjeta y colocarla en un lugar visible. Cada vez que la veas te acordarás de para qué quieres llevar a cabo el cambio en tu alimentación, y te hará sentir orgulloso y motivado para continuar con tu compromiso.

Nosotros llamamos a esa tarjeta la Tarjeta de los beneficios y es uno de los recursos más potentes con los que puedes contar para recordarte diariamente la parte positiva del cambio. Tener elementos que te enfoquen en lo positivo es muy importante, puesto que de la parte negativa ya se encargará tu mente, que te enviará los consiguientes pensamientos con mayor frecuencia de la que te gustaría.

Actividad: La Tarjeta de los beneficios de mi objetivo

La Tarjeta de los beneficios

Medible

Ese compromiso se verá reforzado a medida que vayas avanzando hacia la meta. Si a tu objetivo de estar más delgada le creas indicadores que te permitan hacer el seguimiento de tu cumplimiento podrás ir monitorizando y registrando tu actuación, de manera que la información que recojas te sirva como refuerzo positivo. Estar más delgada es algo abstracto que no se puede medir. Deberías saber cuánto más delgada quieres estar. Tener una cifra aproximada de peso por alcanzar te permitirá saber si lo que estás haciendo es correcto porque te acerca al objetivo, o no. Hay una regla de oro que debes tener en cuenta cuando quieres superarte en algo: si no lo puedes medir, no lo puedes mejorar. Por eso es importante que incluyas marcadores de éxito, indicadores que te permitan valorar si lo que estás haciendo es correcto o no.

Personal

¿Quieres cambiar tu alimentación para agradar a otra persona? Cómo te ven los demás o lo que opinan de ti está fuera de tu zona de control. Darle mucha importancia a esto te convierte en una persona vulnerable. «¡Ay! ¿Qué pensarán de mí?». Lo que sí está bajo tu influencia es lo que tú piensas de ti mismo y la imagen que tienes de ti. Con total seguridad, cuando mejores tus pensamientos acerca de ti, mejorarán también los pensamientos de los demás. Cuando te plantees conseguir un objetivo debes valorar si está en tu zona de control, si es personal y depende de ti, o si depende de otras personas. Si lo que quieres es agradar a otros, ese objetivo estará fuera de tu zona de control. En cambio sí que lo está cuidarte más física e intelectualmente, y convertirte en una persona interesante. Si el juicio que tienes más en cuenta es el que haces tú mismo, no dependerás de nadie y, por lo tanto, te sentirás más fuerte.

Específico-Detallado

Cuanto más específico y detallado sea tu objetivo, más probabilidades tienes de cumplir tus compromisos con él. Te será más fácil conseguir tu objetivo relacionado con la alimentación si lo descompones en metas más pequeñas, que no te supongan un esfuerzo tremendo. Los objetivos a corto plazo te hacen ganar confianza y motivación conforme los vas alcanzando. Por lo tanto: ¡plantéate algo grande, y da un paso pequeño hacia delante!

Josef Ajram, uno de los deportistas más influyentes en el mundo hoy en día, finisher de las pruebas más duras que te puedas imaginar, como la maratón de Sables, o la Titan Desert, explica en su libro No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está que uno de los secretos de su éxito es mantener su mente enfocada en llegar al próximo avituallamiento y no en la meta final.

Sin necesidad de convertirte en un ironman como él, tú puedes seguir la misma estrategia que Josef en tu objetivo para controlar tu peso. Plantéate objetivos específicos y detallados a corto plazo en los que centrarte y no los pierdas de vista. Te hemos mencionado en el apartado de medible, que no es lo mismo plantearse estar delgada, que es algo abstracto, que tener una cifra en mente que te permita hacer el seguimiento de tus progresos y saber cuánto has avanzado, cuánto te queda y si lo que estás haciendo te da el resultado esperado o debes modificar alguna cosa.

Tu objetivo general de comer mejor y más saludablemente se puede descomponer en objetivos específicos como por ejemplo comer más fruta y verdura. Para que este objetivo específico esté lo más detallado posible tendrás que concretar cuánta fruta y verdura vas a comer y cómo lo vas a hacer.

De manera que tu objetivo queda definido de la siguiente manera:

  • Comer más fruta y verdura.
  • ¿Cómo lo voy a lograr?
  • Me llevaré una pieza de fruta al trabajo cada día para comerla a media tarde.
  • Cuando coma fuera de casa, escogeré en el menú primeros platos que sean de verdura cruda o hervida y pediré que las guarniciones sean de verduras en lugar de patatas fritas.

¿A que hay una ligera diferencia entre plantearse comer más fruta y verdura y concretarlo tal y como lo hemos hecho en el esquema anterior?

Tomar conciencia de la importancia del objetivo

Además de tener un objetivo bien definido, durante las sesiones de coaching nutricional se trabaja para que tomes conciencia de que el cambio que te propones es realmente importante para ti. Si el objetivo no es realmente importante, no hay motivación. Por eso, lo primero que debes preguntarte es «¿para qué quiero conseguir lo que me propongo?». Fíjate en que te preguntamos ¿para qué? Y no ¿por qué? La pregunta por qué normalmente lo que obtiene son respuestas a la defensiva o justificaciones. En cambio el para qué te enfoca hacia tu propósito. Si tu deseo es comer más saludablemente, tienes que preguntarte ¿para qué quiero conseguirlo? Para mejorar mi salud, estar más guapa, sentir más energía…

Este ejercicio todavía tendrá más fuerza si concretas al máximo tus «para qué». Por ejemplo, en lugar de «para mejorar mi salud», define qué aspecto de tu salud quieres mejorar «para tener menos dolores de barriga, ir mejor al baño, que me duelan menos las rodillas, bajar los niveles de colesterol, mejorar presión arterial…». Cuanto más específica sea tu lista de «para qués» más te conectará con tus factores motivacionales, y más evidente será la importancia que tiene para ti conseguir tu objetivo.

Cuando hagas la lista de tus «para qué», sé honesto contigo mismo. Pon las razones que realmente te motivan a seguir el plan de alimentación, la dieta. No te dejes llevar por lo que consideres políticamente correcto. Piensa que cuando te propones un cambio, siempre hay una buena razón que lo justifica. Hay una buena razón… y la de verdad. Queremos que escribas la de verdad y que la recuerdes cada vez que tu mente se vea asaltada por pensamientos saboteadores que te hagan creer que tu propósito de mejorar tu alimentación tampoco es tan importante.

Actividad: La lista de los «para qué»

Coge lápiz y papel y empieza a escribir: ¿Para qué quiero (escribe tu objetivo)    ?

  • Para ponerme los vaqueros que tanto me gustan y que tengo guardados desde hace cinco años.
  • Para recuperar el peso que tenía antes de dar a luz a mi hijo Pablo.
  • Para que los demás me digan lo guapa que estoy.
  • Para quitarme el «michelín» de la barriga.
  • Para mirarme al espejo y no sentirme mal.
  • Para volver a practicar deporte sin cansarme.
  • Para ser un ejemplo de buenos hábitos para mi hijo Pablo.

Acabas de escribir tu lista de «para qués» con los motivos que te han llevado a plantearte el cambio en tu alimentación. La motivación es la pieza clave para conseguir un cambio duradero. Por eso, es importante saber qué cosas te motivan a ti, concretamente. Muy probablemente esos motivos tendrán que ver con tus valores, con las cosas que realmente te importan. Quizá la palabra valor te parece algo muy abstracto o espiritual, pero en realidad los valores están muy presentes en tu día a día. Tus valores son aquello a lo que tú otorgas más importancia en tu vida. Aquello que hace que sea plena y llena de significado. Cuando tus acciones son coherentes, están alineadas, con tus valores, entonces te sientes feliz, satisfecho. En cambio, cuando estás viviendo en contra de lo que realmente te importa, no consigues estar en paz y disfrutar de la vida.

Hemos tenido clientes que han logrado hacer el cambio gracias a la toma de conciencia de que su manera de comer iba totalmente en contra de cómo son como personas. Seguro que conoces la frase de «eres lo que comes». Nosotros la hemos ampliado de la siguiente manera: «Eres lo que comes y comes como vives». Si te fijas bien, seguro que en tu manera de alimentarte se ve reflejada tu forma de vida.

Es posible que nunca antes te hayas parado a pensar acerca de cuáles son tus valores. Incluso ahora que te los mencionamos, puede que tu mente se quede en blanco a la hora de identificarlos. Te invitamos a que hagas un ejercicio para encontrar cuáles son los valores más importantes para ti. Cuando los hayas identificado, el siguiente paso es valorar si lo que estás haciendo actualmente en tu vida honra esos valores o los desmerece. El ejercicio también te puede servir para darte cuenta de que alguno de los valores que han imperado en tu vida hasta ahora no te ha reportado la felicidad que tú esperabas. Si es así, siempre estás a tiempo de cambiar y de vivir la vida que siempre has querido. Algunos, muchos, de esos valores son una herencia familiar, a veces mucho más fuerte que la carga genética. Hay familias en las que el trabajo duro y el sacrificio son unos de los estandartes y eso les impide divertirse o pasarlo bien en los ratos de ocio. ¿Cuáles son los valores familiares que has heredado? ¿Cuáles son los que has ido adquiriendo independientemente a lo largo del tiempo?

Volvamos de nuevo al tema que nos ocupa que es el de la alimentación. ¿Qué papel crees que tienen tus valores en tu alimentación? En ocasiones puede ser evidente y otras puede resultar difícil ver la conexión. Pero evidente o no, descubrir la conexión te puede ayudar a tener una mayor convicción para conseguir el cambio que te propones en tu alimentación.

Por ejemplo, si uno de tus valores es el respeto por los animales, y eso hace que hayas elegido ser vegano, es decir, no comer nada que provenga de los animales, ni carne, ni huevos, ni leche… la relación entre tu valor y tu conducta alimentaria es evidente. Pero supongamos que uno de tus valores principales es la libertad. Sentirte libre para elegir y decidir, no verte sometido por nada ni por nadie. Ser el dueño de tu vida. ¿De qué manera mejorar tu alimentación puede hacer que honres el valor de la libertad?

A priori, puede parecer más libre aquel que come lo que quiere, y así es, evidentemente, cuando esa libertad que ejerce no le produce malestar. El problema es que tú no comes lo que quieres, sino que comes a pesar de no querer hacerlo. Eso te convierte en una persona esclava de sus impulsos, de las tentaciones, de las situaciones que te llevan a comer alimentos superfluos sin desearlo. Si aprendes a comer conscientemente, con plena atención y capacidad de elección, dejarás de estar controlada por la comida. Serás coherente con esa libertad que tanto valoras. Si eres de una manera, libre, y te comportas de otra, esclava de tus impulsos, probablemente te estarás sintiendo muy infeliz. Aunque doloroso, es un elemento motivador para el cambio, comprobar que eres de una manera y te comportas de otra.

Volveremos a tratar los valores con mayor profundidad en el capítulo cinco, pero ahora que los has conocido algo más, vuelve a tu lista de «para qués» y descubre qué valor hay asociado detrás de cada motivo. Te resultará muy revelador descubrir qué valores estás honrando. Te hará sentir que eres una persona íntegra y coherente.

Otro de los principales motivos que llevan al cambio es «mejorar la autoestima». Si ha aparecido en tu lista, pregúntate qué significa para ti mejorar la autoestima y cómo crees que perder peso o mejorar tu alimentación te puede ayudar a lograrlo. Quizá has pensado que viéndote más delgado vas a gustarte más y eso hará que te sientas más seguro de ti mismo o de ti misma. Si eso es cierto, si gustarte más te hace sentir seguro, entonces pregúntate «¿qué puedo empezar a hacer ya para gustarme más y que me haga sentir más seguro?». Quizá puedes echarle un vistazo a tu armario y renovarlo. Tener sobrepeso no significa renunciar a la coquetería. Si hace tiempo que no te cuidas, es muy probable que no estés prestando atención a cómo te vistes. Haz un ejercicio de higiene mental, deshaciéndote de todas las prendas que consideres que al ponértelas no te sientan bien. Es absurdo guardar una prenda que al ponértela no te haga sentir a gusto.

Lector, ¡no esperes a perder peso para vivir la vida que quieres vivir y ser la persona que quieres ser!

Es cierto que perder peso puede hacer que te sientas mejor contigo mismo. Tu aspecto físico mejora, la gente te ve más atractivo, te lo dicen, y eso hace que tu ego se hinche. Es genial. Pero también es cierto que la relación entre autoestima y perder peso también es a la inversa. Es decir, cuanto más te quieras y te valores, mayor será tu capacidad para hacer cambios en tu alimentación y con mayor convicción querrás cuidar de tu aspecto y de tu salud.

Recuerdo el caso de Olga, que acudió a la consulta porque quería perder peso. Durante la conversación se dio cuenta de que estaba dejando que su jefe la tratara mal, incluso permitiendo que el abuso condicionara su manera de comer. Ella podía disponer de una hora para comer, según su contrato laboral. Sin embargo, su jefe se molestaba si ella se tomaba su tiempo y le hacía comentarios del tipo: «Ahora te vas a ir a comer con todo el trabajo que hay…». Olga, por no molestar a su jefe acababa comiéndose cualquier cosa, la mayoría de las veces rica en calorías y baja en nutrientes, y de forma rápida y delante del ordenador.

El proceso de coaching nutricional le sirvió para tomar conciencia de que estaba dejando que su jefe la sometiera, y para tomar la decisión de que no lo iba a permitir más. La primera de las medidas que adoptó fue tomarse su tiempo para comer. Olga empezó a llevarse el tupper de comida a la oficina con las opciones que había escogido conjuntamente con su nutricionista. Al principio su jefe se mostró sorprendido y molesto por el cambio de actitud de Olga, pero con el tiempo, el hecho de que ella se mostrara firme en su decisión, sumado evidentemente a su competencia en el trabajo, generó un mayor respeto por parte de su jefe. Sus compañeras no se lo podían creer. Y ella, con el tiempo, ha ido perdiendo peso y ganando en confianza. A veces queremos que los demás nos muestren respeto cuando somos los primeros que actuamos demostrando todo lo contrario.

Otra de las técnicas que usamos para conectar con la motivación es la de la visualización del objetivo cumplido. Las visualizaciones consiguen crear nuevas conexiones neuronales que ayudan a ver la realidad de una manera diferente y por lo tanto a afrontarla desde otra perspectiva.

La imaginación es casi más poderosa que la inteligencia, ya que el Coeficiente Intelectual (CI) es prácticamente estable, mientras que la imaginación se puede desarrollar y convertir en un recurso mucho más poderoso. Lo afirma Ramón Campayo, www.ramoncampayo.com, la persona que posee el récord mundial de memorización. El autor de Desarrolla una mente prodigiosa es capaz de memorizar 23.200 palabras en 72 horas tras oírlas una sola vez, recordando la posición exacta de cada palabra. Por ejemplo, le preguntaban: ¿Cuál es la palabra n.° 18.327? Y de 500 palabras escogidas al azar acertó 498 y tuvo únicamente dos errores. En su método para desarrollar la mente, trabaja con visualizaciones de objetos, primero uno solo, luego otro, luego invita a que imagines cómo interactúan entre ellos. De esta manera se desarrolla la capacidad que tiene su mente para imaginar y también para recordar, puesto que parte de su éxito radica en el método que aplica, que consiste en asociar los números con imágenes. Por ejemplo, el número 22 lo asocia con un niño y el 86 a un látigo, por eso para recordar el 2.286 lo hace imaginando un niño con un látigo.

Actividad: Visualiza el futuro deseado

En tu caso, para llevar a cabo una visualización, solo tienes que cerrar los ojos y proyectarte en la situación que quieres vivir. Si te resulta difícil conseguirlo directamente, puedes imaginarte que ha pasado un año y ya has conseguido el cambio que te propones. Sitúate en un entorno en el que te gustaría verte de aquí a un tiempo ¿Qué cambios ves en ti físicamente? ¿Cómo vas vestido? ¿Cómo te sientes? ¿Cuáles son las sensaciones que tienes? ¿Qué cosas estás haciendo diferente? ¿Cuáles son los pensamientos que tienes ahora acerca de la comida? ¿Cómo te relacionas con las personas de tu entorno? ¿Qué ha cambiado ahora que ya has resuelto tu problema con tu manera de comer?

Recréate en la visualización y siente a través de todos tus canales: del olfato, del oído, de la vista, del gusto, del tacto… Cuanto más real e intensa sea la experiencia, mayor efecto tendrá en ti la visualización.

Esta técnica puedes usarla para aumentar tu motivación por el objetivo conectando con la situación futura deseada y también puedes usarla para afrontar alguna realidad problemática a la que te vayas a enfrentar. Por ejemplo, imagina que estás siguiendo el plan de alimentación perfectamente, pero te preocupa el hecho de que próximamente vas a tener un evento social, de esos de los que se tienen cada dos por tres hoy en día: que si la barbacoa con los amigos, que si la cena en casa de los cuñados, comida en casa de tu madre, la boda de tu prima…

En fin, todos esos eventos pueden resultar fatales si no te has preparado con antelación. Una manera muy efectiva de superar ese obstáculo es anticiparte a la situación a través de la visualización.

Veamos como ejemplo el caso de Marta, una mujer de cincuenta y nueve años, dependienta de una tienda, que había acudido a la consulta para perder unos kilos que según ella llevaba arrastrando desde el embarazo de su hija. La niña ahora ya es una mujercita de 25 años, y tras una conversación con ella, de esas que les sirven a las madres para darse cuenta de que su hija pequeña ya ha madurado, una conversación de mujer a mujer, le confesó que hacía tiempo que no se sentía a gusto consigo misma. A Marta, sus kilos de más la hacían verse poco atractiva, y además de eso lo que le preocupaba era la sensación de estar totalmente a merced de sus impulsos compulsivos frente a la comida. Marta estaba desanimada porque no confiaba en que iniciar una nueva dieta fuera la solución. Más allá de las indicaciones de qué comer, Marta necesitaba romper con ciertos hábitos arraigados que la llevaban a tener ingestas compulsivas, sobre todo cuando se encontraba en celebraciones o actos sociales, los cuales se daban cada fin de semana. Le faltaba confianza en poder lograr esto y su hija Laura la animó a iniciar un proceso de coaching nutricional, puesto que había oído que en este enfoque no se trataba únicamente la alimentación de la persona, sino también las barreras emocionales o de pensamiento que pudiera tener para conseguir el cambio.

A la pregunta de ¿cuál es el principal problema que debes solucionar para conseguir lo que quieres?, Marta lo tenía claro. Después de toda una semana de trabajo, la manera en como le gustaba disfrutar de su tiempo libre a ella y a su marido era quedando con amigos para comer o cenar, saboreando una buena comida y un buen vino.

Está claro que disfrutar de una buena gastronomía es uno de los placeres que nos brinda la vida, y eso puede no estar reñido con el seguimiento de una dieta equilibrada. El secreto está en la frecuencia y la cantidad y si Marta lograba asegurar esas dos incógnitas, la ecuación estaría resuelta.

Lo primero que hicimos en la sesión de coaching fue trabajar su percepción de la situación. Al inicio Marta se situaba en una postura de víctima. Le parecía injusto no poder disfrutar de esas comidas de fin de semana, después de trabajar duramente de lunes a sábado. ¿Por qué no podía permitirse el capricho de una buena cena culminada con un postre, después de haber cumplido con sus obligaciones durante toda la semana? Marta se escudaba en esa actitud rebelde y convencida de que lo que hacía estaba bien

y se lo merecía. En alguna ocasión incluso había citado el famoso eslogan de «¡porque yo lo valgo!»

A través de nuestras conversaciones trabajamos su percepción de lo que ella consideraba un premio. ¿Se puede considerar un premio algo que te da placer inmediato y efímero y posteriormente un malestar permanente? A lo mejor has contestado que sí. Entonces la pregunta es: ¿Merece la pena pagar un precio tan alto por algo tan fugaz?

Si eres de esas personas que lleva tiempo luchando por mejorar su alimentación y dejar de caer en tentaciones, seguramente tu respuesta a la pregunta ha sido no. No vale la pena sucumbir al placer temporal de un alimento, llámalo alimento o «marranada» como lo llamaba Marta, ya que seguramente este será rico en grasas y azúcares, si a continuación vas a estar el resto del tiempo arrepintiéndote de lo ocurrido.

Para acompañar a Marta a superar este problema que la atormentaba, conversamos por un lado para encontrar otras formas de recompensa que sí se podían considerar un premio, y por otro, cómo participar en esos encuentros sociales disfrutando de la compañía y de la comida, pero sin que significara un descalabro para el equilibrio de su dieta semanal.

Usamos la técnica de visualización para anticiparse a esas situaciones. Marta se visualizó a sí misma vistiendo uno de sus mejores conjuntos, sintiéndose elegante y atractiva, con su melena recién peinada y un maquillaje discreto en el que destacaba el brillo de sus labios. Visualizó cómo llegaba a la mesa del restaurante y saludaba a todos sus amigos. Se servía una copa de vino que fue saboreando poco a poco, como lo harías con el vino más caro del mundo. Hacerlo así le hacía sentir sofisticada y eso le gustaba. Se visualizó escogiendo en la carta opciones saludables, verduras o ensalada de primero y pescado de segundo. Rechazaría pedir postre y sí cogería una cucharada del postre de su marido para permitirse el placer de finalizar con el sabor dulce en la boca.

Visualizamos esa escena varias veces hasta el punto que ya se confundía la imaginación con la realidad. ¿Había ocurrido de verdad o se lo estaba inventando? Ella se sentía convencida y a gusto con su decisión de no dejarse llevar por las tentaciones.

A la semana siguiente al evento, Marta acudió a la sesión de coaching con una mirada radiante y el mismo brillo en los labios que había visualizado primero y usado después en la noche de la cena. Antes de que lo pudiera explicar se veía que la visualización le había funcionado.

Marta, igual que todos los clientes de coaching nutricional, rellenó un documento llamado Plan de acción donde se recogen los aspectos más importantes tratados durante la conversación. El Plan de acción se convierte en una hoja de ruta que va marcando el camino que seguir. Tan importante como tener claro el lugar donde quiero llegar, es el hecho de tener una planificación detallada de cómo voy a hacerlo. Trabajar este documento permite pasar de las intenciones a las acciones.

Actividad: El Plan de acción

El Plan de acción será el documento en el que escribirás con detalle todo lo que quieres conseguir, para qué lo quieres conseguir y cómo lo vas a lograr. En él se recoge el objetivo general y las metas específicas que te propones alcanzar, y las actividades y los compromisos que has decidido llevar a cabo para conseguirlos. Si una vez escrito, colocas el Plan de acción en un lugar visible, este actuará como elemento motivador y también te ayudará a recordar los compromisos que has adquirido contigo mismo y con el profesional que te acompaña.

El hecho de disponer de este elemento recordatorio, te ayuda a centrarte en las actividades que tienes que hacer y a que no se te olvide nada de lo que acordaste durante la sesión.

En el Plan de acción, no únicamente se detallan las actividades que tienen que ver con alimentación, sino que se incorporan otras conductas saludables que también consideres adecuadas.

Vemos como ejemplo el Plan de acción que escribió Marta:

PLAN DE ACCIÓN

Objetivo específico: ¿Qué quieres conseguir? Defínelo en positivo, en primera persona y lo más concreto posible.

Mejorar mis hábitos alimenticios, superando mis excesos del fin de semana para lograr alcanzar los 58 kilos de peso.

Valora del 0-10:

¿Qué importancia tiene para ti conseguir este objetivo?

(Me da igual) 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 (Muchísima)

¿Cuánta confianza tienes en conseguirlo?

(Ninguna) 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 (Completamente seguro/a)

¿Para qué lo quieres conseguir? (escribe los beneficios que te reportará conseguir tu objetivo.)

Para verme bien físicamente
Para ponerme la ropa que me gusta
Para dejar de luchar con la comida
Para entender la alimentación equilibrada no como una dieta sino como mi forma de comer
Para cuidar mi salud y prevenir el colesterol

Acciones: Escribe abajo todas las cosas que te pueden ayudar a conseguir tu objetivo. Marca la casilla cuando lo hayas realizado.

1. Seguir la pauta nutricional que me ha diseñado mi nutricionista
2. Practicar la visualización una vez al día
3. Observarme durante esta semana para encontrar otras formas de recompensa tanto entre semana como el fin de semana
4. Escribir cada día lo que me hace sentir bien de seguir una alimentación equilibrada
5. Caminar de casa al trabajo, en lugar de coger coche

Al final de este libro dispones de una plantilla del Plan de acción para que puedas escribir tu objetivo y vayas reflexionando y apuntando todo lo que te pide el documento. Recuerda usar la técnica PRAMPE para trabajar tu objetivo. Cuanto más detallado y específico sea, más compromiso tendrás para llevarlo a cabo. Tu mente tendrá claro qué quieres hacer y cómo lo vas a hacer.

Ya tienes tu objetivo definido. Ahora, antes de partir en este viaje emocionante hacia esa versión de ti mismo más saludable y comprometida con su alimentación, solo te pedimos que hagas una cosa más. Hazte con una libreta bonita, que resulte atractiva y a la vez práctica para poderla llevar contigo allá donde vayas. Esta libreta se convertirá en el Diario de tu
alimentación y te servirá como soporte para ir escribiendo todo lo que en este libro te vayamos proponiendo.

La estrategia del seguimiento y autorregistro de lo que comes, así como el momento en el que lo haces, la cantidad y los pensamientos y emociones asociados, ha demostrado resultar muy efectiva a la hora de controlar tu peso, como expone una revisión llevada a cabo por Lora E. Burke en 2011.

¿Estás preparado para cambiar? Si todavía no estás decidido a dar el paso que necesitas para transformar tu sueño en realidad, el siguiente capítulo te ayudará a conseguirlo.