3. Mañana empiezo: superar la resistencia al cambio

Nadie puede convencer a otro de que cambie. Cada uno de nosotros custodia una puerta del cambio que solo puede abrirse desde adentro.

Marilyn Ferguson, autora de La conspiración de acuario

Aunque te parezca muy difícil, tienes todos los recursos que necesitas para cambiar. Hay una frase en el mundo del coaching que dice: «no hay clientes sin recursos, solo estados mentales sin recursos». Cambiar requiere convicción. La Real Academia Española define convicción como idea a la que se está fuertemente adherido. ¿Sientes tú esa determinación en ti mismo a la hora de llevar una alimentación saludable? ¿Ese convencimiento? Si tu respuesta es no, vamos a trabajarlo en este capítulo.

Cuando llevas mucho tiempo queriendo mejorar tu alimentación y empiezas a hacer cambios en esa línea, pero al poco tiempo tiras la toalla, se despierta en ti un sentimiento de culpa y una sensación de incapacidad. Lo intentas una y otra vez, pero al no conseguirlo decides persistir en tus malos hábitos alimenticios. Lo haces porque, aunque sabes que tu conducta no te conviene, no puedes cambiarla. La culpa se transforma entonces en ira contra ti mismo por no ser capaz de modificar tu manera de comer o de bajar de peso, desarrollando a la vez una actitud a la defensiva y toda una serie de justificaciones con las que intentas protegerte de la verdad. Esa verdad que solo tú sabes y a la que vas a tener que enfrentarte si quieres conseguir algo diferente a lo que has conseguido hasta ahora. Si tu problema es que tienes sobrepeso, en la mayoría de casos esto se debe a que comes más calorías de las que gastas. Es una fórmula bastante sencilla:

consumo de calorías – gasto energético = ganancia o pérdida de peso

No obstante esto es una generalización demasiado simple. Consulta el capítulo 7 de este libro, donde encontrarás más información al respecto.

Pensando en si cambiar o no te puedes estar bastante tiempo, en lo que Prochaska, psicólogo creador del Modelo Transteórico del Cambio, llama la fase de contemplación, esa fase en la que reconoces que tienes un problema, pero como el nombre de la fase indica, te lo miras desde la barrera, sin dar los pasos necesarios para solucionarlo. Ahí te mantienes librando una batalla interna constante entre la parte de tu yo que te dice que debes poner fin a esa situación, y la parte que te intenta convencer de que tampoco estás tan mal. Tú sabes que en realidad no es verdad que lo que estás viviendo ahora te haga feliz. Es como cuando estás con una pareja que sabes que no te conviene pero eres incapaz de dejarla. Prefieres la abnegación de una relación insana a la soledad. Con el tiempo, cuando por fin lo dejas y pasan unos años, te das cuenta de lo bien que hiciste abandonando a esa persona que solo te traía infelicidad. El problema es que a veces pretendes que tu pareja te aporte la felicidad que tú estás buscando, dando por hecho que no puedes ser feliz si no estás a su lado. Las parejas que son felices lo son porque han descubierto que en realidad no existen parejas felices, sino personas felices que deciden juntarse.

Con tu alimentación pasa lo mismo. Si piensas que eres feliz gracias a los alimentos ricos en grasa y azúcar les estás dando un poder inmenso. Te conviertes en una persona dependiente, esta vez de la bollería y las patatas fritas. Puesto que estamos hablando de algo tan importante como tu bienestar, ¿no crees que merece la pena cuestionarse a quién le das la llave de tu felicidad?

Aunque te estemos diciendo esto, no creas que pretendemos atacarte o juzgarte. Todo lo contario. Estamos todos en el mismo equipo y tenemos el mismo objetivo. Estamos aquí para acompañarte hacia el éxito en tu cambio de hábitos y tu pérdida de peso, no para juzgarte. No es necesario que te pongas a la defensiva, ni que intentes explicarnos lo difícil que es cambiar tu alimentación con el horario de trabajo que tienes, con lo nerviosa que te ponen los niños o el jefe, con todos los compromisos sociales que tienes, con las croquetas que te trae tu madre cada semana cuando viene de visita… Tienes razón, no tienes que convencernos. Comprendemos que cambiar tu alimentación ahora te parece difícil; sin embargo, también queremos decirte que es posible.

Ahora bien, la solución tampoco está en acudir a la consulta del nutricionista pidiendo un milagro para que te ayude a bajar de peso. Por supuesto, esa alternativa es más cómoda que aceptar que solo tú eres responsable de tus resultados, que hay cosas que no estás haciendo bien, que hay una serie de cambios que deberías hacer. En lugar de hacer esas reflexiones prefieres ignorar tu realidad e ir al grano: «Venga, dame la dieta y déjate de preguntas, que yo lo que quiero es adelgazar para la boda de mi prima, no reflexionar acerca de lo que hago bien o mal». Con suerte, seguirás la pauta nutricional que te han elaborado unos cuantos días, o incluso semanas, y hasta es probable que llegues a la boda con esos kilos de menos que pretendías. Pero si no hay algo más, si lo único que hay es la idea de que has hecho un esfuerzo y un sacrificio temporales, y vuelves a tus hábitos de siempre, al poco tiempo te volverás a situar en la línea de partida. Tú no quieres que eso suceda y para ello debes encontrar tus verdaderas motivaciones personales. Las que te darán fuerza cuando empieces a dudar.

Cuando no te sientes del todo seguro para cambiar, cuando no estás del todo dispuesto, te enfrentas a un dilema. Por un lado, sabes que tu situación actual te produce malestar, pero por otro, no estás dispuesto, o no te ves capaz, de hacer el esfuerzo que requiere el cambio. Esta situación de sentimientos enfrentados es lo que la Entrevista Motivacional (EM) llama ambivalencia. Según la EM, una de las teorías del ámbito de la salud en las que se basa el coaching nutricional, dar consejo a alguien que se enfrenta a su ambivalencia puede ser perjudicial para el proceso de cambio. Puede ser perjudicial, porque al presentarse esa dicotomía dentro de tu mente, cuanto más intenta el nutricionista convencerte de los beneficios que te puede suponer mejorar tu alimentación, con más fuerza te aferras a los argumentos que explican tu resistencia. La razón es sencilla: el ser humano busca y necesita ser comprendido.

«Sí…, ya sé que es bueno reducir las grasas, pero es que ahora como fuera de casa y me es más difícil»; «Sí, ya sé que debería perder peso para ganar salud, pero es que ahora estoy muy ocupada para ponerme a dieta».

A las personas nos gusta que nos comprendan y, también, tener la razón. Por eso, por más argumentos positivos y a favor de la salud que presente el profesional, el paciente siempre encuentra un motivo por el cual es muy complicado, o incluso imposible, seguir las recomendaciones en cuanto a alimentación o actividad física que le están indicando.

Si te has instalado en la cultura de la queja por no bajar de peso o lograr comer bien, ya te habrás dado cuenta a estas alturas que no sirve de nada. Ten en cuenta que cuando te quejas, te conviertes a ti misma en víctima de tus propias recriminaciones. Quejarte de lo que no te gusta no va a modificar nada de lo que tienes o lo que eres en este momento. Como dice Eckhart Tolle, autor del libro El poder del ahora, «Deja la situación, cambia la situación o acéptala, todo lo demás es locura». Por lo tanto, si la alimentación que estás llevando no te gusta tienes dos opciones: acéptala o cámbiala, todo lo demás es locura o malestar.

A lo mejor llevas tiempo queriendo cambiar, pero cuando lo vas a hacer, aparecen esas vocecitas saboteadoras que te intentan convencer de que tus razones para hacer lo que te propones no son lo suficientemente grandes. Entonces te empiezas a dar a ti mismo una serie de excusas, un conjunto de razones que te alejan de tu objetivo. Por un tiempo, esas justificaciones actúan como bálsamo emocional y evitan que te sientas mal contigo mismo por no hacer lo que sabes que tienes que hacer: «Sí, tengo que empezar la dieta ya, pero es que ahora tengo mucho trabajo y no es un buen momento». Parece que la excusa tiene la sartén por el mango y decide cuándo haces las cosas y cuándo no. Pero en realidad, cuando dejas de hacer algo a causa de algún pretexto, estás eligiendo entregarle el poder a ese motivo. Aunque parezca que tú eres una víctima de tus circunstancias, en realidad eres víctima de ti mismo, ya que tu decisión es anular tu autoridad y otorgársela a esa excusa. Es una idea compleja, y te proponemos trabajarla a través de la siguiente actividad para que comprendas bien a qué nos referimos.

Actividad: Lista de razones saboteadoras que te alejan de tu objetivo

A continuación verás una lista de razones o motivos, por no llamarlos excusas, que te alejan de tu objetivo de cambiar tu alimentación hacia una más saludable. Vamos a identificarlos para trabajarlos tal y como te explicamos más adelante. De momento lee la lista de razones saboteadoras y marca del 1-10 cómo te sientes de identificado con ese motivo en concreto, siendo 1 nada identificado y 10 muy identificado.

Razones saboteadoras Valoración del 1 al 10
1. No tengo tiempo 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
2. Yo no me encargo de cocinar 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
3. Tengo mucha vida social 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
4. Como en el trabajo 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
5. Tengo que cocinar para toda la familia 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
6. Tengo mucha ansiedad 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
7. Como muy rápido 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
8. Voy a comer a casa de un familiar y no quiero que me cocine nada expresamente 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
9. No tengo fuerza de voluntad 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
10. Tengo mucho trabajo 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
11. Tengo niños pequeños a los que debo atender 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
12. Nadie me ayuda 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
13. No tengo dinero 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
14. Llego muy tarde a casa 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
15. Me tengo que llevar la fiambrera 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
16. No tengo tiempo para comer al mediodía 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
17. No tengo tiempo para hacer ejercicio físico 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
18. Tengo que comprar bollería para mi familia 0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10
Otras  

Una vez has otorgado tus puntuaciones, escoge aquellos ejemplos con los que te sientes más identificado, es decir aquellos a los que has otorgado una nota más alta, para trabajarlos con el objetivo de minimizar el efecto que tienen sobre ti.

Para vencer las excusas que te limitan, debes recuperar el control de la situación. Esto quiere decir que debes observarlas desde la perspectiva de que no es la excusa la que manda sobre ti, sino tú sobre ella. Normalmente piensas lo contrario; es decir, que estás dejando de hacer algo a causa de un motivo que no has podido evitar, pero en realidad tú también estás tomando una decisión en ese momento, aunque parezca todo lo contrario. Por ejemplo, si una de las razones por las que no has empezado a comer mejor es porque no tienes tiempo, en realidad estás priorizando el darle tiempo a otra cosa. ¿Qué es más importante para ti en este momento? Cuando le dices «No» a tomarte el tiempo necesario para ir a comprar los alimentos, a prepararte los menús, a practicar actividad física… le estás diciendo «Sí» a otorgarle tiempo a alguna otra cosa. ¿Qué es eso que merece tu tiempo? ¿Realmente es más importante que tu deseo de comer mejor?

También te puede resultar útil para superar una excusa empezar a cuestionártela de la siguiente manera: piensa si aquello por lo que dices que no haces algo te pasa siempre o solo a veces. Pasa de lo más general a lo más concreto para encontrar momentos en los que eres capaz de hacer las cosas, a pesar de la excusa. Por ejemplo, cuando dices que «No tengo tiempo», no tienes tiempo, ¿nunca? O cuando te dices a ti mismo «No tengo fuerza de voluntad», ¿de verdad no tienes fuerza de voluntad para nada? ¿En ningún caso?

Ahora que ya sabes cómo combatir tus razones saboteadoras, vuelve a la lista y analiza tus excusas desde esta nueva perspectiva. ¿Qué es lo que estás priorizando? ¿A qué le estás dando el poder? ¿Qué generalización estás haciendo de la realidad?

Seguro que estas preguntas te han dado una perspectiva diferente de tus excusas. Has podido comprobar que si las miras de cerca, las excusas no son tan fieras como las pintan. Has visto que sí tienes el control sobre la situación, solo que hay momentos en los que decides prescindir de ese control y dejarte llevar. Cada vez que lo haces, cada vez que dejas de hacer algo a causa de una excusa, te estás alejando de tu propósito y te estás conduciendo hacia un callejón sin salida. No te estamos juzgando por ello, y tampoco deberías hacerlo tú, ya que fustigarte no te ayuda en nada. Lo que sí nos gustaría es que, después de leer este capítulo, seas capaz de reconocer qué postura estás adoptando cada vez que dejas de conseguir alguna de tus metas a causa de una excusa. De una manera responsable y adulta, alejándote de posiciones de víctima, aceptas que cuando decides escudarte en una excusa estás eligiendo ese camino y no otro. Sería algo así como cambiar el «es que no tengo tiempo» por «elijo invertir mi tiempo en otra cosa diferente a prepararme para perder peso».

Cuando recuperas esta visión protagonista de ti mismo, a pesar de que no estás cambiando la conducta que te gustaría, te estás convirtiendo en una persona más fuerte. Quizá has elegido comer cualquier cosa al mediodía porque no te has preparado la fiambrera. Ahora ya no se te ocurrirá decir, «es que no me he podido preparar el plato que me tocaba en la dieta para este mediodía». Simplemente lo ves desde la óptica de que has elegido otra alternativa que te convenía más.

Para vencer las excusas, tienes que recuperar el control de la situación. Siendo sincero contigo mismo en los motivos que te alejan de tu objetivo y asumiendo ese rol de líder en tu vida. Tú puedes hacerlo y además no tienes que hacerlo solo. Te estamos acompañando con este libro y seguro que a estas alturas lo ves mucho más claro que cuando empezaste el primer capítulo.

Puede parecer que estamos intentando convencerte del cambio y nada más lejos de la realidad. No pretendemos que tomes decisiones en contra de tu voluntad. No lo pretendemos, sencillamente porque no lo conseguiríamos, aunque quisiéramos. Solamente cuando tú tomes la decisión de cambiar, lo harás. Y ¿qué es lo que necesitas para tomar la decisión? Creer firmemente que el cambio es bueno para ti. Ver lo bueno que tiene empezar a comer mejor, más equilibrado, raciones más moderadas, más saludablemente. Y también, por qué no, ser consciente de las consecuencias negativas que puede tener tu conducta alimentaria tanto a corto como a largo plazo.

Para ello te invitamos a que hagas el siguiente ejercicio. Se llama La Balanza y como su nombre indica, sirve para sopesar pros y contras del cambio que quieres hacer. Te permite poner encima de la mesa los pros y contras, puesto que además de la parte positiva es evidente que hacer un cambio implica hacer una serie de concesiones. La Balanza te formula cuatro preguntas muy sencillas:

  • ¿Qué tiene de bueno cambiar?
  • ¿Qué tiene de bueno no hacer nada?
  • ¿Qué tiene de malo cambiar?
  • ¿Qué tiene de malo no hacer nada?

Actividad: La Balanza

Esta herramienta que usamos en las sesiones de coaching nutricional sirve para ayudarte a darte cuenta de lo que realmente quieres y a enfrentarte a las consecuencias de escoger una cosa u otra: valoras los costes y los beneficios de llevar a cabo un cambio en tu alimentación. La reflexión te ayuda a tomar conciencia de la importancia que tiene el cambio para ti.

Es una forma de evaluar si estás listo para cambiar, y si estás dispuesto a hacerlo. No todos los momentos son adecuados para llevar a cabo un cambio. Tal y como te mencionábamos al inicio del capítulo, citando al psicólogo Prochaska, el cambio es un proceso y no un momento puntual. Esto significa que las personas presentan diferentes motivaciones y distinta predisposición al cambio, según en la fase en que se encuentran. A ti te sucede lo mismo y si te interesa conocer todas las fases del proceso de cambio según este psicólogo y profundizar en esta idea, podrás ampliarla cuando leas el capítulo 9, dedicado a los profesionales de la salud.

Para darte un ejemplo de cómo usar La Balanza te mostraremos el caso de Silvia, una mujer de 37 años que presentaba muchas dudas a la hora de iniciar la dieta. Por un lado se encontraba muy a disgusto con su cuerpo, principalmente por razones estéticas, pero además su sobrepeso le estaba empezando a afectar también en su calidad de vida, ya que tenía digestiones muy pesadas y le dolían mucho las rodillas. Se había acostumbrado a vivir con estas molestias diarias que intentaba paliar a base de medicación para el ardor de estómago y analgésicos para el dolor de rodillas. Un lunes, después de haber pasado un domingo horroroso, comiendo a destajo y sufriendo después la consecuente acidez, decidió llamar por teléfono para solicitar una cita. Cuando nos encontramos en la primera sesión, trabajamos juntos La Balanza, con el objetivo de encontrar motivos para el cambio.

Esto es lo que Silvia escribió en los cuadrantes de la matriz de La Balanza:

La Balanza

  (I) No cambiar nada (II) Hacer cambios
bueno?¿Qué tiene de bueno? No tener que pensaComodidad.r en la organización de qué comer. No dar explicaciones acerca de lo que como o dejo de comer. Ya no tengo digestiones pesadas.

Tengo más seguridad en mí misma y confianza en que puedo hacer las cosas.

He empezado a pensar en mí y no en los demás cuando voy a comer.

Cuando es el día libre en la pauta, puedo disfrutar de una comida con mi marido sin sentirme culpable.

Tenía la excusa de mi herencia genética: soy gorda porque me viene de familia. Ahora he roto con esta excusa. Reconozco que a pesar de la herencia genética hay una parte importante que depende de mí.

Ahora como de todo, mi dieta es más variada y como cosas impensables antes: verduras, avena, frutas, legumbres, arroz, etc.

Ya no permito que mi jefe abuse de mi tiempo.

Ya no pongo excusas fuera de mí.

Duermo mejor.

No me duelen las rodillas.

He empezado a hacer ejercicio.

  (I) No cambiar nada (II) Hacer cambios
¿Qué tiene de malo? (III) Continuaré engordando.

Me sentiré mal conmigo misma.

 

Comeré mal, poco variado. Continuaré con mis digestiones pesadas.

Me entrarán los ataques de culpa cada cierto tiempo. Tendré peor salud. Mis rodillas me dolerán más a causa de mi sobrepeso.

(IV) No podré comer dulces.

Tendré que invertir más tiempo en comer.

Cuando escribas tus razones del cambio, tanto las positivas como las negativas, debes ser lo más concreto y específico posible. Por ejemplo, en lugar de escribir en el cuadrante de lo bueno «Mejorar mi salud», escribe concretamente qué aspecto de tu salud va a mejorar. ¿Tendrás mejores niveles de colesterol? ¿Controlarás mejor tu diabetes? ¿Mejorarás tus problemas circulatorios? Cuanto más concretes, más conexión lograrás con los motivos buenos y malos del cambio y más poder tendrá la herramienta.

Ver escritas las cosas por las que vale la pena el cambio es realmente empoderador. Al leer las listas, puedes ver reflejadas en ellas motivos que son importantes para ti, que te aportan felicidad. Tener en cuenta lo bueno es muy importante, pero también lo es tener en cuenta aquello que has escrito en los cuadrantes I y IV. En ellos has escrito las barreras, aquello que te frena y te ancla a tu zona de confort, esa zona en la que, a pesar de vivir con cierto malestar, decides quedarte porque te resulta más fácil, más cómodo todo lo que haces. Lo que está dentro de tu zona de confort lo puedes realizar sin esfuerzo y sin que te produzca miedo o pereza. Normalmente lo haces por costumbre, ya sea bueno o malo. En cambio, lo que está fuera de tu zona de confort te incomoda, te produce un cierto malestar o rechazo, te provoca ansiedad o nerviosismo. El problema es que si decides permanecer todo el tiempo en tu zona de confort no avanzas, te quedas estancado en tus excusas y acaban dominando tu vida.

Como explica el doctor Mario Alonso Puig, autor del libro Reinventarse, entre otros, la zona de confort es una zona en la que puedes predecir lo que sucederá, y por lo tanto te hace sentir seguro. El problema es que a cambio de esa seguridad, renuncias al aprendizaje y a la evolución que supondría salir de ella. Cuando la vida te desafía tienes que atreverte a hacer cosas que nunca has hecho. Si te interesa este concepto, puedes encontrar en Youtube varios vídeos que te hablan de la zona de confort. Te recomendamos que te inspires viendo el que puedes encontrar en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=n37 Ej 6OUrIo.

Volviendo a La Balanza, aquello que aparece en los cuadrantes I y IV es precisamente lo que te limita a la hora de avanzar, de salir de tu zona de confort y, por lo tanto, no debes ignorarlo. Te está dando las pistas acerca de qué aspectos debes resolver para sentirte más capaz y más motivado para dar el paso de cambiar. Por ejemplo, en el caso de Silvia, sus respuestas fueron estas:

  • Cuadrante I: ¿Qué tiene de bueno no cambiar nada?

– Comodidad.

– No tener que pensar en la organización de qué comer.

– No dar explicaciones acerca de lo que como o dejo de comer.

  • Cuadrante IV: ¿Qué tiene de malo cambiar?

– No podré comer dulces.

– Tendré que invertir más tiempo en comer.

Para trabajar las barreras de Silvia, le formulamos algunas preguntas que nos ayudaron a comprender mejor sus respuestas y que fomentaran su toma de conciencia acerca de qué es lo que necesitaba para vencer su resistencia. Tan importante como que conectes con los beneficios del cambio, es creer que las barreras que se presentan son salvables y que eres capaz de superarlas.

Reproducimos parte de nuestro diálogo:

—Silvia, has respondido comodidad en el cuadrante I. ¿A qué te refieres con comodidad?

—Pues que si no estoy haciendo dieta no tengo que pensar en lo que voy a comer con antelación. Simplemente abro la nevera y en función de lo que hay como.

—Si te he entendido bien, para ti comodidad significa abrir la nevera en el momento de comer y comer lo que hay. ¿Es así?

—Sí, así es.

—¿Qué me dices si en lugar de coger «lo que hay» hubiera algún plato o alimento que hayas dejado a conciencia la noche anterior. ¿Eso te resultaría cómodo?

—Sí, también. A mí lo que no me gusta es tener que empezar a cocinar un plato o prepararme algo justo cuando me entra hambre.

—Bien, te entiendo. Tampoco te gusta, por lo que dices en tu balanza, tener que pensar en la organización de qué comer. ¿A qué te refieres con esto?

—Pues que me aburre pensar qué comer toda la semana. Pero es cierto que por no planificar, al final acabo comiendo y cenando siempre lo mismo, abusando de los precocinados y los embutidos.

—Ves claro que el no planificar te lleva a comer mal, entonces ¿qué necesitas para llevar a cabo esa planificación?

—Bueno, la verdad es que necesitaba asesoramiento, por eso vine al programa de coaching nutricional, porque combinaba las visitas con el nutricionista y las sesiones de coaching.

—Perfecto Silvia, entonces la cuestión de la planificación ¿crees que la vas a resolver gracias al plan que trabajes junto con tu nutricionista?

—Sí, eso creo.

—Además, sabes que ese menú semanal lo vais a confeccionar conjuntamente. Tú tomarás parte activa, y de esa manera podrás dar tu opinión acerca de los alimentos que más te gustan, los métodos de cocción que mejor te van, tener en cuenta tus horarios para adecuar el plan a tus rutinas… en definitiva, personalizar la pauta para que se adapte a ti.

»Por cierto, sé que el tiempo es algo importante para ti. Una de las cosas malas que ves en el cambio y que has indicado en tu balanza es que tendrás que invertir más tiempo en comer. Concretamente ¿qué tiene de malo invertir tiempo en comer?

—Pues que hay veces que no tengo tiempo de parar. Tenemos mucho trabajo y mi jefe es muy estricto. A veces estoy trabajando en el despacho y se me pasa la hora de comer. Voy picando alguna tontería pero luego son las 4 de la tarde y estoy que me muero de hambre. Empiezo a notar un bajón de energía y me doy cuenta de que tengo que parar.

—Si he entendido bien, no paras a comer para no perder tiempo, pero después te ves obligada a parar porque sientes que no tienes energía para continuar, ¿es así?

—Pues sí.

—¿Qué haces entonces?

—Paro, me como un bocadillo, me tomo un cortado, o algún snack. ¡Ostras! Me acabo de dar cuenta de lo mal que lo hago.

—¿Qué ves diferente ahora?

—Que invertir tiempo en comer bien no significa perder tiempo.

—Cuando inviertes en algo, es porque piensas que vas a obtener una ganancia a medio o largo plazo. ¿Cuál es la ganancia que obtienes invirtiendo en comer bien?

—Pues tendré más energía para continuar trabajando, estaré más concentrada y sin tener esos bajones. También estoy invirtiendo en mí. En mi salud y en todas las cosas que he escrito en La Balanza en el cuadrante II, sobre lo bueno que tiene el hecho de cambiar.

—Ahora que has tomado conciencia de esto, ¿qué vas a hacer diferente a partir de mañana?

—Pues, por supuesto que tener en cuenta la planificación de las comidas, y cuando diseñemos el menú con el nutricionista pensar en platos que me pueda llevar a la oficina para empezar a llevarme la fiambrera.

—Genial

El caso de Silvia nos enseña que todo comportamiento tiene un propósito. Incluso aquello que quieres dejar de hacer porque no estás a gusto con ello, lo haces porque en realidad te aporta algo que consideras positivo. Es lo que se llama el beneficio secundario, concepto nacido en la corriente del psicoanálisis de Freud para hacer referencia a alguna ganancia que el paciente obtiene a pesar de la enfermedad, como por ejemplo una mayor atención de sus seres queridos. En el caso de Silvia, el hecho de no comer al mediodía le aportaba la sensación de estar aprovechando mejor el tiempo. Sin embargo, a través de La Balanza se dio cuenta de que no destinar el espacio suficiente a comer bien al mediodía repercutía en su nivel de energía, obligándola a parar repentinamente, no cuando ella lo decidía, sino cuando su cuerpo le decía que ya no podía más.

Cuando decides mantener tus hábitos alimenticios poco saludables a pesar de que te hacen engordar, y te provocan problemas de salud, lo haces porque esas costumbres te aportan algún beneficio. Si identificas esas ganancias, puedes trazar un plan en el que, en la medida de lo posible, puedas conservarlas de alguna manera.

Además del trabajo con el cuadrante de La Balanza, puedes continuar tu reflexión contestando a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es lo que realmente quieres conseguir al cambiar tu alimentación?
  • ¿Qué es necesario que hagas para perder peso/mejorar tu alimentación?
  • ¿A qué estás dispuesto a renunciar para lograrlo?
  • ¿Qué ganarás cuando logres cambiar tu alimentación?
  • ¿Qué tendrás que dejar de hacer para cambiar?
  • ¿Para qué te merece la pena el cambio?

Después de trabajar esta herramienta, tienes más claro que realmente quieres hacer el cambio en tu alimentación. Tu convicción es mayor. Hay muchas razones por las que deseas hacerlo. Todas esas razones puedes trasladarlas a un recurso visual que al mirarlo te recuerde lo bueno que tiene el cambio. Lo llamamos «Collage motivacional» y se trata de un cuadro hecho con imágenes, símbolos y frases que tienen que ver con aquello que te impulsa a cambiar y que se utiliza como una herramienta para fomentar la motivación en psicología.

Actividad: El Collage motivacional

Para confeccionar el Collage motivacional de Silvia buscamos en internet y en revistas de papel imágenes de una roca, que simbolizaba sus digestiones pesadas, también incluyó un reloj para recordar la idea de que destinar tiempo en comer bien en el trabajo no significa perderlo sino invertirlo para disponer de una mayor energía. Precisamente el tener una mayor energía durante su jornada laboral era una de las cosas que más le motivaba y este aspecto lo representó con un sol. Decidió poner una fotografía de un paisaje de montaña para recordar una excursión que había hecho en verano acompañada de su marido y en la que el dolor de rodillas le había impedido disfrutar de lo que hubiera podido ser un maravilloso día. Escogió otra fotografía, esta vez de un matrimonio sonriente comiendo en un restaurante, ya que una de las cosas que más anhelaba era poder disfrutar de la gastronomía, comiendo con mesura y no sentir remordimientos al acabar.

Este es el Collage de Silvia y tú tendrás el tuyo. Si eres una persona visual, de las que capta mejor la información por la vista que por el oído, tener esta imagen en un lugar visible te será muy útil.

Después de los ejercicios que has hecho tienes cada vez más claro que el cambio es importante para ti. Ahora necesitas pasar de la reflexión a la acción. Esas son las dos caras de la misma moneda del coaching nutricional. Reflexionas para sacar conclusiones y actuar en consecuencia. Tienes que moverte. Como dice Tagore: «No puedes atravesar el mar simplemente mirando el agua».

Sin embargo, es posible que a pesar de estar totalmente convencido de que quieres cambiar, no tengas la suficiente confianza en ti mismo para dar el paso y esto haga que lo vayas postergando día tras día. Parte de esa sensación de resistencia se debe a la fuerza que ejercen los hábitos en ti. Como verás en el capítulo 8, donde hablamos acerca de los hábitos, lo más sencillo para romper con la inercia que te lleva hacia la vieja conducta es escoger un pequeño cambio por el que empezar y centrarte en él. Comprobar que puedes salir del bucle te da fuerza, puesto que te demuestra que eres más capaz de lo que pensabas.

3. Mañana empiezo: superar la resistencia al cambio

Si eres de las personas que dejan siempre las cosas para más tarde puede que sufras el mal de la procrastinación, una palabra difícil de pronunciar y bastante fea, que proviene del latín pro que quiere decir adelante y crastinus, referente al futuro, y hace referencia a la tendencia a retrasar actividades o situaciones que debes atender, sustituyéndolas por otras alternativas más irrelevantes o agradables. Sí, en efecto, cuando dejas para luego ordenar las facturas de encima de la mesa estás procrastinando; cuando aplazas para el
día siguiente devolver el libro que has tomado prestado en la biblioteca, estás procrastinando, y seguro que se te ocurren varias cosas más que sistemáticamente pospones o procrastinas.

El doctor en Psicología Wayne W. Dyer, en su obra Tus zonas erróneas, describe varias técnicas para deshacerse del comportamiento aplazador, de las que te mostramos algunas a continuación:

  • Vive de cinco minutos en cinco minutos. No te lo tomes al pie de la letra, es una manera de decir que no pienses en tareas a largo plazo.
  • Empieza a hacer alguna cosa que siempre habías aplazado. Solamente el hecho de empezar te ayudará a eliminar la angustia que te supone todo el proyecto.
  • Pregúntate: ¿Qué es lo peor que me podría pasar si ahora mismo hiciera aquello que estoy posponiendo?
  • Busca una franja horaria para hacer aquello que estás aplazando. Un cuarto de hora de esfuerzo concentrado es suficiente para superar el coste emocional de aplazar cosas.

Otra manera de combatir el inmovilismo es aprendiendo a vivir el momento presente. Vivir el momento presente, ponerte en contacto con tu «aquí y ahora» es la clave para una vida plena y feliz. En palabras de Wayne Dyer: «Si lo piensas, te darás cuenta de que en realidad no existe otro momento que puedas vivir más que el presente. El ahora es todo lo que hay, y el futuro es simplemente otro momento presente para ser vivido cuando llegue. Una cosa es segura; que no puedes vivirlo hasta que aparezca realmente».

A veces no te atreves a dar el paso de iniciar el cambio en tu alimentación porque te proyectas en el futuro. Piensas que no vas a ser capaz de ser perseverante, que pasarás hambre, que estarás de mal humor… Todo eso no está pasando en el momento presente, sino que te aventuras a pensar que pasará. Lo que sucede es que ese futuro, que en realidad no existe todavía, te impide centrarte en el presente. El presente que en realidad es todo lo que tienes, ya que el pasado ya se fue y el futuro aún está por venir. Si quieres que mañana tu vida sea un poco mejor, la única manera que tienes de conseguirlo es actuando aquí y ahora. Si piensas que en algún momento del futuro, quizá la semana que viene, o el mes que viene… o cuando los niños empiecen el colegio, o cuando acabes ese proyecto que llevas entre manos hace tiempo, o cuando estés menos estresada… todo cambiará y te será más fácil empezar a cambiar tu alimentación, es posible que te estés equivocando y ese momento nunca llegue. No llegará porque el momento ideal no viene solo. Lo debes hacer llegar tú. Tú eres el responsable de que las cosas pasen. Para vencer la resistencia encuentra un pequeño paso por el que empezar que te ayude a romper con el inmovilismo.

Esta idea es uno de los pilares en el enfoque del coaching nutricional. El coaching busca convertirte en una persona proactiva. Al termino proactividad le dio forma, Viktor Frankl, psiquiatra judío que sobrevivió a su paso por uno de los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En su obra El hombre en busca de sentido, en la que relata su experiencia y la de los demás prisioneros del campo de concentración, afirma que entre tanto horror, lo que le ayudó a mantenerse con vida fue encontrar algo a lo que aferrarse. El amor por su mujer, a pesar de no saber si estaba viva o muerta, fue una de las cosas que le ayudó a mantener viva su esperanza. Suya es la frase siguiente:

A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino.

Tú puedes elegir, igual que lo hizo el doctor Frankl, ser una persona proactiva. Tomar la responsabilidad y asumir el control de tu vida, a pesar de las circunstancias, incluso en aquellas que no te son favorables. Puedes escoger ser protagonista o actor secundario. Elegir lo primero significa vivir tu vida de una manera activa, no pasiva. Si escoges lo segundo, dejarás que otras personas o las circunstancias decidan cómo es tu vida.

Se trata de conseguir luchar contra la tendencia de tu cerebro a tomar el camino de menor resistencia. Estás acostumbrado a actuar de una manera determinada y reproducir tus costumbres es lo que te resulta más fácil. Robert Fritz describía esta cuestión utilizando una metáfora en su obra El camino de menor resistencia. Fritz explicaba que las calles de Boston se habían construido siguiendo el camino que habían dejado marcado las vacas mucho antes de que existieran el pavimento y los automóviles. Imagínate una vaca que al caminar aplasta la vegetación y deja un sendero tras ella. La vaca que va detrás, lo que hace es seguir ese camino porque le resulta más fácil. Y lo mismo hace la siguiente y la siguiente. Cuando años más tarde, decidieron asfaltar las calles de Boston, lo que hicieron fue pavimentar los caminos que habían dibujado las huellas de aquellos animales. Quizá no era lo más adecuado, pero sí lo más fácil.

No te dejes llevar por la inercia de lo conocido. Atrévete a seguir otros caminos diferentes a los conocidos.