Algunas de estas creencias se relacionan con la confianza que tienes en ti mismo para modificar tus hábitos alimentarios. Durante el libro te hemos hablado de estrategias para lograr que esa confianza mejore: marcarte objetivos a corto plazo, reconocer los avances que vas consiguiendo diariamente, afrontar las barreras con anticipación para poder resolverlas, trazar un Plan de acción que te permita estar enfocada en las acciones, contar con el apoyo de un aliado, ya sea profesional o de tu entorno, seguir una pauta nutricional con la que te sientas a gusto…

Y además hay algo que estás aprendiendo en este capítulo: puedes elegir modificar tus creencias, fomentando aquellas que te potencian. Recuerda que como dice la famosa frase de Henry Ford, «Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto». Si crees que puedes conseguir modificar tu alimentación, vas a actuar en consecuencia y vas a aplicarte en el seguimiento de una pauta nutricional adecuada. Si no lo crees, vas a recurrir a métodos extravagantes, insanos, y podríamos decir que denigrantes para tu persona.

Tú eres una persona maravillosa tal como eres, y tienes todo el derecho del mundo a convertirte en la mejor versión de ti mismo. Pero ¿crees que esa mejor versión de ti mismo la lograrás una vez te has quitado la malla o la sonda? Tienes unos cuantos kilos menos, sí. Pero también tienes una cantidad menos de autoestima. La mejor versión de ti mismo es aquella en la que te quieres y te respetas, te sientes orgulloso de ti mismo, te valoras no únicamente por cómo eres físicamente, sino también por tus demás cualidades.

Si consideras que estás empezando a sobrevalorar tu figura, tu peso y el control del mismo hasta tal punto que te planteas métodos radicales para perder peso, como pueden ser los vómitos o la restricción total de la comida, puedes estar sufriendo un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). En ocasiones, las personas que lo padecen, principalmente mujeres, no son conscientes de ello, o aunque lo sospechan, no lo reconocen por vergüenza. Uno de los especialistas en el tratamiento e investigación de los TCA, el doctor Christopher Fairburn, director del Centre for Research on Eating Disorders en Oxford, publicó en 1980 en la revista femenina Cosmopolitan un artículo en que se describían los síntomas de la bulimia nerviosa (BN) y se pedía a las lectoras que consideraban que los sufrían que se pusieran en contacto con él para rellenar un cuestionario, ayudando así a la investigación sobre este trastorno. En unos días se recibieron más de mil respuestas. La mayoría de las que respondieron al cuestionario parecían tener BN, aunque solo el 2,5 % estaba recibiendo alguna forma de tratamiento para ese problema. Los resultados de este estudio sugerían que la BN era una enfermedad severa, no detectada en la gran mayoría de los casos.

Los especialistas en la materia sostienen que el elemento central que mantiene el trastorno es un sistema disfuncional de autoevaluación: mientras que la mayoría de las personas se evalúan a sí mismas basándose en la percepción que tienen de su propia ejecución en distintas áreas de su vida (por ejemplo, las relaciones interpersonales, el trabajo, la familia, los intereses personales, etc.), las personas con trastornos de la conducta alimentaria se juzgan a sí mismas principalmente, o incluso de forma exclusiva, en relación con sus hábitos de ingesta, a su figura y peso corporal; y a su capacidad para controlarlos.

Sé que tu imagen es importante para ti, pero si únicamente te valoras por tu físico, te estás olvidando de una parte muy importante de tu identidad. Si únicamente te valoras por lo que pesas, estás obviando otras muchas cualidades que también tienes y por las que los demás te quieren.

Si crees que puedes tener un problema que se te está escapando de las manos puedes ponerte en contacto con un profesional especialista en la materia, que te va a comprender y te puede ayudar a encontrar una solución. No tienes por qué hacerlo sola, ni juzgarte por ello. Lo importante es que te pongas a trabajar para superarlo. Si no sabes adónde puedes acudir, encontrarás al final del libro el contacto del Instituto de Trastornos Alimentarios de Barcelona (ITA), un centro de referencia que seguro te podrá guiar hacia el recurso más cercano al lugar donde vives.

Ojo, no estamos diciendo que por el hecho de que no te sientas satisfecha con tu figura estés sufriendo un TCA. De hecho, lo raro es que te sientas completamente feliz con tu físico, si eres mujer, ya que la mayoría de las personas, sobre todo mujeres, se sienten muy presionadas por la sociedad y por los mensajes que reciben a través de los medios de comunicación, acerca de cómo debe ser su cuerpo, según el canon de belleza imperante. Las referencias que se nos muestran, las modelos y personajes televisivos de moda, presentan en su mayoría un peso por debajo de lo normal y saludable, una piel estupenda y una melena larga y nutrida. De lo que no nos informan es de que la mayoría de esas imágenes han estado retocadas con Photoshop, mostrando como real una belleza que es totalmente artificial. Ten en cuenta que si tu listón está puesto a la altura de esas modelos, tus expectativas van a ser totalmente irreales e inalcanzables y van a hacer que te sientas insatisfecha con tu cuerpo permanentemente.

Fíjate en cuál es el tono de las conversaciones que tienes contigo mismo acerca de tu figura, y no dejes que referencias artificiales te hagan infeliz. Existen varias voces que quieren alertar acerca de las consecuencias negativas que tiene el hecho de fomentar y alentar la valoración de la imagen personal en función de los referentes que aparecen en los medios. Por ejemplo, el proyecto australiano The Mannequin Project (http://manne quinproject.com) es una iniciativa en la que participan profesionales de la salud, creativos, educadores y personas anónimas que tiene como objetivo denunciar el papel que la insatisfacción con la imagen corporal desempeña en nuestras vidas y cómo podemos combatirla a través de pequeñas decisiones que tomemos en nuestro día a día. Uno de los profesionales que apoyan este proyecto es el doctor Rick Kausman, médico australiano autor de If Not Dieting, Then What?, obra en la que aboga por una pérdida de peso guiada por el sentido común, alejada de las dietas absurdas, apostando por disfrutar de la comida sin sentirse culpable, aumentando tu conciencia a la hora de comer, incorporando algún tipo de actividad física en tu día a día, mejorando tu autoestima, sin privarte de alimentos o de calidad de vida.

Si te sientes mal contigo mismo por tu sobrepeso y no te ves capaz de dejar de comer fritos, dulces y demás alimentos superfluos, la solución no está en métodos drásticos. ¿Cuál es la solución, entonces? Ya lo sabes: comer las raciones adecuadas de comida saludable y llevar una vida activa y no sedentaria. Podrás disponer de más información contrastada y validada acerca de cómo seguir una dieta saludable cuando leas el capítulo 7. Además, debes acompañar estos cambios en tu conducta con actitud y convicción. Se trata de reprogramar tu cerebro para que piense de manera diferente, es decir, que interpretes que comer saludablemente es algo que te agrada y es bueno para ti. Esto es lo que consiguieron llevar a cabo con los participantes en un estudio piloto dirigido por la Harvard Medical School, en el que los investigadores comprobaron cómo a través de técnicas de reestructuración cognitiva se consigue cambiar tu percepción de la comida.

La reestructuración cognitiva es una técnica contemplada en la Terapia Cognitiva Conductual (TCC), del doctor Aaron Beck, fundamentada en la idea de que la manera de pensar de las personas afecta a lo que sienten y a lo que hacen. El doctor Beck empezó a aplicar su técnica en los años sesenta para tratar pacientes con depresión, y obtuvo resultados más eficaces de los que se habían estado logrando con el psicoanálisis de Freud, que era la corriente imperante hasta el momento. La TCC es uno de los tratamientos más usados desde el punto de vista psicológico para lograr cambios en los hábitos alimenticios, incluso en casos extremos en los que la persona presenta trastornos de la conducta alimentaria, con una eficacia reconocida por la comunidad científica (Fairburn, 1995).

Consiste en que identifiques aquellos pensamientos que te dan permiso para comer aquello que no deberías, para trabajarlos con anticipación de manera que seas capaz de afrontarlos con éxito, neutralizándolos y sustituyéndolos por otros. A continuación encontrarás una lista de pensamientos saboteadores que hemos adaptado de la que propone Judith S. Beck, hija del doctor Beck, en su libro El método Beckpara adelgazar.

Actividad: Combate tus pensamientos saboteadores

Identifica los pensamientos saboteadores que te dan permiso para comer aquello que no deberías:

  • Seguir la dieta es demasiado duro.
  • ¡Bah! Ya da igual todo.
  • No pasa nada si como solo un trozo.
  • No es justo que yo no pueda comer esto y los demás sí.
  • No voy a dejar que nadie me diga lo que voy a comer y lo que no.
  • Me merezco comer esto.
  • Solo voy a comer un poco.
  • No puedo resistirme.
  • Me muero de hambre.
  • No tengo fuerza de voluntad.
  • En realidad no engorda tanto.
  • Ya lo compensaré después.
  • Si no me lo como acabará en la basura.
  • Debería comérmelo porque es gratis.
  • Todos los demás lo están comiendo.
  • No quiero molestar a (… ) si no me lo como.
  • Estoy estresado-a/cansado-a/triste/aburrido-a/me siento mal.
  • Es una ocasión especial.
  • Me estoy dando un capricho.
  • Puedo empezar la dieta otra vez mañana.
  • De todas maneras nunca voy a alcanzar el peso que yo quiero.
  • Nadie se va a enterar si me lo como.
  • Terminaré comiendo de todas formas.
  • Como ya me he saltado la dieta, da igual.
  • Para comer esto, más vale que me muera.

Sí, ya sé que has marcado como tuyos muchos de estos pensamientos. No eres solo tú. La mayoría de las personas los tienen. Ahora que tienes identificados los pensamientos, trabájalos contestando a las siguientes preguntas:

  • ¿Concretamente cuándo aparece?
  • ¿Qué pasa a continuación?
  • ¿Cómo puedes cuestionarte este pensamiento para restarle fuerza?
  • ¿Qué otro pensamiento te dirás para neutralizar el pensamiento saboteador?

Aquí te mostramos cómo trabajaron sus pensamientos saboteadores algunas de nuestros pacientes.

María comentaba en su reflexión:

Los pensamientos saboteadores normalmente aparecen en el último momento siempre, lo que quizá me haga ser más vulnerable, ya que así los uso para autoconvencerme, a pesar de saber que después me arrepentiré. A veces me sirven para no sentirme mal, incluso me ayudan, ya que como he dicho antes, me autoconvenzo de que no pasa nada. En otras ocasiones me siento culpable cuando realmente se trata de algo que podría haber evitado y la verdad es que ese pensamiento de remordimiento me molesta bastante (después de comerlo claro).