5. Tipos de inversión / tipos de inversor

a prosperidad que más dura
es la que vino despacio.

Séneca

Mateo 25, 14

Parábola de los talentos.

«Porque el Reino de los cielos será semejante a un hombre que al emprender un viaje largo, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.

A uno dio cinco talentos, a otro dos, y a otro, uno. A cada uno dio conforme a su capacidad y se fue lejos.

Inmediatamente, el que había recibido cinco talentos se fue, negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. De la misma manera, el que había recibido dos ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos y dijo: “Señor, me entregaste cinco talentos; he aquí he ganado otros cinco talentos”.

Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor”.

Y cuando se presentó el que había recibido dos talentos, dijo: “Señor, me entregaste dos talentos; he aquí he ganado otros dos talentos”.

Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor”.

Pero cuando se presentó el que había recibido un talento, dijo: “Señor, yo te conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Y como tuve miedo, fui y escondí tu talento en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo”.

Su señor respondió y le dijo: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? Por lo tanto, debías haber entregado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, habría recibido lo que es mío con los intereses. Por tanto, quitadle el talento y dadlo al que tiene diez talentos. Porque a todo el que tiene le será dado, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera”. Allí habrá llanto y crujir de dientes».

Esta parábola, perteneciente a la Biblia, es parte del libro de Mateo. Al margen de cualquier apreciación o interpretación religiosa, nos deja algunas enseñanzas.

En principio podemos ver cómo el siervo averso al riesgo, quien tenía miedo de perder y de ser castigado por su amo, de alguna manera adopta la estrategia más riesgosa, pues ser confinado a las tinieblas, a priori, parece una pérdida elevada respecto del premio.

Por otro lado, vemos la lógica que hoy día subyace entre los asesores de inversión y sus clientes. En general los clientes tienden a elegir a sus asesores por los resultados obtenidos en el pasado, pero partiendo de la base de que el resultado pasado no es garantía de futuro, tienden a darles una parte de su patrimonio en administración, pues si el asesor presenta buenos resultados, suele ocurrir como sucedió con el siervo bueno y fiel. Sobre poco ha sido fiel, sobre mucho es puesto. Así entra en el gozo del señor.

De alguna manera, las Sagradas Escrituras nos van sentando el precedente sobre las distintas formas de afrontar un mundo de posibilidades de inversión.

Antes de adentrarnos en dos de los perfiles básicos para definir estrategias de inversión: la inversión pasiva o la inversión activa, pensemos desde una perspectiva práctica en las opciones del siervo “malo y perezoso”, aunque deberíamos suponer que desconocía el resultado que le esperaría o claramente (por un tema de temporalidad), no conocía a Blaise Pascal.

La apuesta de Pascal

Analizaremos qué dirección debería haber tomado el siervo castigado desde la óptica de la denominada “Apuesta de Pascal”, en honor al célebre matemático que da nombre a este problema.

  Dios existe Dios no existe
Creo en Dios Paraíso eterno Costos mínimos
No creo en Dios Infierno eterno Beneficios mínimos

Basándonos en el cuadro adjunto, podemos señalar cuál debe ser la elección en términos de pérdidas y ganancias.

  • Si creo en Dios (y observo los mandatos de la religión), y Dios existe: Tengo algunos pequeños costos, como por ejemplo no poder acostarme con la esposa de mi vecino, pero tengo una gran ganancia, el paraíso.
  • Si creo en Dios (y observo los mandatos de la religión), y Dios no existe, tengo un pequeño costo, y no gano nada.
  • Si no creo en Dios (y por ende no observo los principios religiosos), y Dios no existe. Tengo alguna pequeña ganancia, como poder mentir, acostarme con la vecina, etcétera, y no tengo ningún costo, ya que al no existir Dios, tampoco me castigará.
  • Si no creo en Dios y Dios existe, partiendo de la base de que violo los preceptos de la religión y peco, la ganancia es pequeña, pero el costo significativo: el infierno eterno.

Comparando los casos, queda claro que desde la maximización de utilidades y la minimización de los costos, la estrategia correcta es creer en Dios, pues arroja la mejor relación ganancia-costos en relación con el riesgo asumido.

Con este esquema, la estrategia del siervo “malo y perezoso” debería haber sido la de invertir el dinero de su amo, siempre partiendo de la base de que conocía el rigor del castigo, situación que parece que desconocía.

Este esquema es válido para tomar decisiones de inversión, siempre que podamos plantearnos alguna probabilidad de ocurrencia y conozcamos los premios y castigos de cada decisión y estos tiendan a ser extremos.

Utilizar este esquema nos lleva casi con seguridad a un sistema conservador, pues aunque no estemos definiendo la existencia de Dios, bajo la lógica de la “Apuesta de Pascal” observaremos cuál decisión afectaría en forma grave nuestras inversiones. Para un perfil conservador, obrar como si lo peor fuera a pasar puede ser muchas veces la salvaguarda, que a largo plazo haga crecer sus ahorros.

Existen muchos mecanismos para refutar este esquema de pensamiento, los cuales son válidos en tanto el planteo de Pascal tiende a ser absolutista, pero debemos saber que algunas refutaciones no consideran lo extremo del premio y castigo que Pascal plantea. Así surgen críticas dando ejemplos de premios menores y castigos también insignificantes, lo que da lugar a no aceptar la teoría, no por inválida, sino porque pueden rechazarse los cuatro cuadrantes. Pascal habla de eternidad y sobre un premio eterno o un castigo por el resto de los días no hay mucha discusión. Además, es feo criticar a quien no está para defenderse.

Analizaremos a continuación los perfiles activos y pasivos en una introducción que gentilmente escribió Diego Martínez Burzaco, economista colega en la Revista Inversor Global.

Los perfiles activos y pasivos

Por Diego Martínez Burzaco, economista jefe de la Revista Inversor Global.

Con frecuencia, el inversor principiante se enfrenta a la disyuntiva de definir qué clase de inversión o estrategia desea desarrollar. No es fácil la elección. Para ello, es vital considerar algunos aspectos claves, como el perfil inversor, la predisposición al riesgo, el horizonte temporal de inversión o tiempo que se dedicará al seguimiento de la cartera.

Considerando estos parámetros, existen dos tipos de administración de un portafolio: pasiva y activa.

La ejecución de una administración pasiva para el portafolio se corresponde con la idea de invertir con objetivos que apuntan a un horizonte temporal relativamente amplio y con escasa rotación del portafolio.

En cambio, los inversores que optan por una administración activa asumen que en el largo plazo nunca pueden obtenerse rendimientos superiores a los del índice de referencia y, de esta manera, buscan el rédito con operaciones de trading de corto plazo.

Administración pasiva

El paso siguiente es conocer con exactitud cuáles son los instrumentos vigentes o alternativas de inversión que permitan precisamente llevar a cabo una administración de tipo pasiva para la cartera de inversiones.

Lo primero que encontramos en el mercado de capitales a la hora de pensar en estas alternativas son los Fondos Inversión (FI), instrumentos con un patrimonio formado por aportes de inversores que tienen los mismos objetivos de rentabilidad y riesgo respecto de las inversiones que realizan, que delegan su administración en un grupo de profesionales, denominados Portfolio Managers.

Los fondos comunes de inversión pueden ser abiertos y recibir permanentemente a nuevos inversores, o cerrados, donde la cantidad de cuotas partes es fija y el ingreso de un inversor depende de la salida de otro.

Encontramos distintas categorías de FI:

  • Acciones Locales e Internacionales.
  • Bonos Domésticos e Internacionales.
  • Money Markets
  • Retorno total.

En una estrategia de inversión pasiva, principalmente se delega el manejo de las inversiones a una sociedad gerente, un asesor, o simplemente se ejecuta una estrategia de inversión de largo plazo que, por lo general, está atada a la evolución de un índice de referencia de acciones, bonos o un mix de activos de inversión.

Precisamente en una estrategia de tipo pasiva, son escasos los movimientos

respecto de la cartera teórica del Benchmark buscando un rendimiento similar al del índice en un período de tiempo relativamente largo.

Uno de los instrumentos por excelencia para llevar a cabo una estrategia de

inversión pasiva son los ETF. La introducción de estos activos, que funcionan como pequeños fondos que cotizan diariamente, ha revolucionado el acceso a una infinidad de oportunidades para los inversores minoristas. En el mercado existen los ETF que replican índices de acciones de distintos países o regiones del mundo, como así también bonos, commodities o sectores económicos.

Inversión activa

El concepto de inversor activo descansa en la premisa de que es posible obtener rendimientos promedios superiores a los del índice o mercado explotando imperfecciones que se dan cotidianamente y que permiten obtener rendimientos extraordinarios. De esta manera, un inversor activo se destaca por realizar operaciones bursátiles con mayor frecuencia buscando señales de mercado o activos con alto potencial que lo guíen hacia mayores ganancias.

Las herramientas disponibles para llevar a cabo este tipo de estrategia de inversión son dos:

  1. Análisis técnico.
  2. Análisis fundamental.

El Análisis técnico se ocupa de la interpretación de los precios de los activos que cotizan en los mercados de valores y de predecir su tendencia. Esta herramienta utiliza los comportamientos de precios de un activo en el pasado para predecir su comportamiento futuro. Vale aclarar que, cuando me refiero a predecir, debemos asignar a esta predicción un grado de probabilidad; nada es seguro. Es función del análisis técnico proveer herramientas para reducir la incertidumbre respecto de la evolución futura de los precios y, por ende, los grados de incertidumbre en las decisiones financieras básicas: comprar un activo, vender un activo o mantener en cartera un activo.

Por otro lado, el Análisis Fundamental descansa en la idea de que el precio de una acción convergerá tarde o temprano hacia el verdadero valor del negocio. Es el negocio lo que importa: el analista fundamental calcula el valor de una empresa e invierte cuando piensa que el precio de transacción de una acción subestima este valor.

Para llevar adelante este tipo de estrategia, se utilizan como eje dos principios básicos:

  • Enfocarse en el largo plazo: En períodos cortos de tiempo, el precio de una acción puede moverse mucho por motivos que nada tengan que ver con el valor real de la empresa. Sin embargo, el inversor fundamental tiene la paciencia necesaria para esperar que esta situación se modifique. Es importante tener confianza en que, con el correr del tiempo, el valor del activo se verá reflejado en el precio, para evitar ser víctima de movimientos especulativos.
  • Independencia de criterio: Los grandes inversores exitosos de la historia han logrado su riqueza manteniéndose firmes en sus convicciones. Como inversor fundamental, es crucial desarrollar un criterio propio sobre el valor de una compañía y no modificarlo, excepto que haya motivos o hechos concretos para hacerlo.

Si bien ambas estrategias, tanto la de análisis técnico como la de análisis fundamental pueden parecer opuestas, ya que una se enfoca en el corto plazo y la otra en el largo plazo, las dos persiguen el objetivo central de un inversor activo: obtener rendimientos superiores al promedio del mercado, aceptando que para ello deben tomarse riesgos adicionales.

Objetivos activos y objetivos pasivos

En el capítulo 3, nos referimos a la importancia de establecer objetivos claros, y dijimos que en líneas generales, existen tres grandes metas (con sus matices o puntos intermedios) desde las que podemos partir:

  • Conservar el capital.
  • Apreciar el capital.
  • La renta corriente.

Dentro de estos objetivos, existe un modo dominante respecto de las herramientas para utilizar. Esto no quiere decir que el modo sea exclusivo de un objetivo o que no pueda cumplirse una meta sin ejecutar las herramientas propias de un modo, sino que es el modo dominante, el que a priori cumple mejor con las condiciones para cumplir el objetivo planteado.

En el siguiente gráfico, podemos ver un cuadro completo, con el modo dominante para cada objetivo y con técnicas de inversión acordes al objetivo y el modo. Las técnicas se presentan como primarias y secundarias, es decir aquellas que, por sus características, se adaptan mejor a cado binomio, objetivo-modo.

Modo Técnica
Objetivo Dominante Primaria Secundaria
Conservar el capital Pasivo Asset Allocation Index Investing
Apreciar el capital Activo Trading Stock Piáing/Mkt Jimming
Renta corriente Activo / Pasivo Trading Dlvidend Investing /Cupón

Fuente: Elaboración del autor.

A esta altura, ya debería conocer claramente cuáles son sus objetivos generales. Según estas metas y su perfil como inversor, podemos comenzar a delinear cuán activo o pasivo puede ser. Vale aclarar que podemos tener un grado de actividad o pasividad en la medida que queramos realizar un seguimiento o control mayor o menor de nuestras inversiones.

Supongamos que deseamos conservar el capital y entregamos una suma de dinero a un asesor que nos presenta una interesante propuesta muy acorde según objetivos y perfil. En líneas generales (siempre en una gama de mayor a menor), podemos delegar completamente la administración (pasivo) o podemos “entrometernos” en el asunto, solicitar reuniones, investigar y contrastar alternativas, seguir el día a día de los mercados, aunque solo sea para estar informados, claramente una actitud activa. Según nos ocupemos más o menos de nuestro dinero, estaremos en un modo o en otro. De todas formas, en el cuadro que acompaña este capítulo al referirnos al modo pasivo o activo, lo haremos en los términos de acompañar un índice, es decir un indicador de desempeño medio de mercado, o sea pasivo, o en intentar batir este índice, es decir, activo.