7. Ganar, ganar

El verdadero medio para ganar mucho
consiste en no querer nunca ganar demasiado.

Fénelon

Una de las primeras preguntas que se hace quien comienza a invertir o quien tiene su primer encuentro con las herramientas de las finanzas, es la siguiente: “¿Cuánto puedo ganar?”.

Es una pregunta por demás difícil de responder, pues ese cuánto depende mucho de otras dos preguntas anteriores: “¿Quién?” y “¿Cómo?”. También en alguna medida depende de “¿Dónde?”.

Unas de las premisas básicas está asociada a cuánto podemos ganar en función de los objetivos planteados, pues si nuestra meta es conservar el capital, con respondernos ¿dónde?, tendremos la mitad de la respuesta ganada. Cuando nos planeamos cuánto podemos ganar realizando inversiones, podemos partir de una referencia, de igual modo que utilizamos las referencias, para comparar precios, comparar ingresos, y hasta para comparar qué tan bonitos estamos cuando llegamos a una fiesta.

Esta comparación recibe el nombre de costo de oportunidad, pues partiendo de la base de que si hacemos A, no podemos al mismo tiempo y con los mismos recurso hacer B, debemos asumir el costo de la oportunidad que desechamos en nuestra elección. Por otro lado, siendo que operemos en un contexto racional, en la medida en que buscamos maximizar ganancias y minimizar costos, cualquier decisión que tomemos debería contemplar este axioma.

Cuando consideramos cuánto “debemos” ganar, estamos considerando dos aspectos. Por un lado, cuánto esperamos ganar y, por otro, cuánto exigimos a una inversión. Considerando que, para una inversión libre de riesgo, podemos considerar la cobertura contra la inflación como suficiente, vale destacar que debemos definir cuál inflación o, mejor dicho, de dónde o de qué moneda, pues si nuestro dinero está invertido en dólares estadounidenses, deberemos considerar la inflación de dicho país buscando igualar la inflación en el largo plazo y con instrumentos poco volátiles.

Si mantenemos nuestros ahorros en soles peruanos, pesos argentinos, reales brasileños, o en cualquier otra moneda, deberíamos ponernos como meta mantener nuestro ahorro a salvo de los índices de inflación de los países mencionados.

¿Cómo?, está directamente relacionado con si pensamos realizar inversiones activas o inversiones pasivas, y esta decisión está ligada a dos decisiones muy personales. Aceptamos o no aceptamos la teoría del mercado eficiente y ajustamos nuestro nivel de actividad a los objetivos planteados y a nuestro perfil de inversor.

Por último, respecto del ¿quién?, más asociado a las inversiones activas, surge en general la pregunta de cuánto se puede ganar en términos porcentuales con tal o cual estrategia. Una pregunta difícil de responder, donde en general una respuesta poco directa parece relacionarse con la falta de conocimiento o, en el peor de los casos, con el egoísmo por parte de quien debería dar una respuesta técnica exacta.

Cuando hablamos de inversiones activas, estamos hablando de análisis técnico o de análisis fundamental, herramientas que a priori considero discrecionales, es decir, con resultados totalmente dependientes del grado de aptitud del sujeto ejecutante. Por ejemplo, durante años miles de personas alrededor del mundo estudian los métodos y la filosofía de inversión de Warren Buffet, con algo de éxito en algunos casos y sin siquiera acercarse al éxito en otros.

Es muy difícil, a priori, determinar cuánto dinero puede ganar una persona, con tal o cual técnica de inversión, pues dependerá de cuánto esfuerzo ponga, cuánto aprenda, cuánto entienda, algo de suerte, aversión al riesgo, cuándo entra, cuándo sale, si toma crédito, si opera con su propio dinero; es decir, dependerá de múltiples factores. A esto debemos sumar que los sistemas preelaborados y las metodologías de inversión basadas en selección de acciones (Stock Picking) son elaborados en un tiempo y espacio con parámetros generalmente fijos. Es decir, seleccionar acciones si se cumple tal o cual parámetro, comprar acciones cuando tal o cual indicador técnico dé una alerta. Esto quiere decir que son sistemas fijos, que intentan operar en un sistema totalmente dinámico: el mercado.

No digo que los sistemas no funcionen ni que debamos ignorar las alertas técnicas, pues son la base de los sistemas activos, solo menciono la diferencia entre estática y dinámica, por lo que considero que el resultado final depende en gran medida de la discrecionalidad de cada analista. Cabe aclarar que esta discrecionalidad no quiere decir realizar cualquier operación según el parecer del ejecutor. Todo lo contrario, pues la disciplina como el apego a un método es una de las condiciones fundamentales para triunfar. Solamente se menciona que es condición necesaria poder discernir cuándo es necesario cambiar o ajustar el método a la luz de los cambios que se van produciendo en el mercado. En el próximo capítulo, analizaremos técnicas de inversión y señalaremos con ejemplos lo que aquí estamos mencionando.

Dado lo expuesto, es realmente difícil calcular a priori cuánto se puede ganar invirtiendo de forma activa o pasiva, pero realizaremos un acercamiento de cuánto al menos debería exigir a una inversión en función del riesgo asumido y al esfuerzo puesto al servicio de las inversiones.

¿Cuánto ganar?

Para responder a esta pregunta, analizaremos cuánto deberíamos ganar, tanto por asumir determinados riesgos, por asumir vaivenes en los precios de nuestros activos (volatilidad) y por gestionar una cartera.

El concepto base radica en sumar rentas conforme vamos asumiendo mayor riesgo por un lado y mayor actividad en el manejo de las inversiones por otro.

Supongamos que tenemos dos vehículos de inversión en análisis. El primero, muy pasivo con una renta esperada de 5 por ciento anual. El segundo algo, más activo y con idéntica renta esperada. Claramente, con esta información, deberíamos elegir el primero, pues toda vez que nos volvamos más activos asumiremos costos (si operamos nosotros, será tiempo y comisiones; si delegamos la actividad, serán honorarios), los cuales como mínimo deberían ser pagados por los resultados y además reportarnos una ganancia.

A continuación, utilizaremos una de fórmulas más difundidas respecto del rendimiento esperado, que surge del modelo de valoración de activos CAPM (Capital Asset Princing Model o modelo de precio de los activos). Para la construcción de este modelo, se utilizan una serie de parámetros para el cálculo de la rentabilidad esperada. Cado uno de ellos, si los vamos sumando, pueden ayudarnos a establecer una guía sobre cuánto deberíamos ganar (es una referencia) según el riesgo y el grado de actividad que vamos asumiendo. Lo plantearemos de menos a más riesgoso y, de alguna manera también, de pasivo a activo.

Veamos la fórmula con la que trabajaremos para una empresa hipotética llamada A:

R(a) = Rf + (Rm – Rf) . fi(a)

Donde:

R(a): Retorno esperado o exigido para la empresa A.

Rf: Tasa libre de riesgo.

Rm: Riesgo de mercado.

ß(a): Volatilidad del activo analizado.

Comencemos con Rf. Partiendo del supuesto que deseamos una gestión pasiva y que bajo un perfil conservador solo deseamos inversiones sin fluctuación, deberíamos considerar, para invertir, los denominados activos libres de riesgo.

Si bien el activo libre de riesgo por antonomasia está vinculado a los bonos y notas del tesoro de los Estados Unidos (T. Bills, T. Notes), para este cálculo podemos utilizar activos de renta fija como bonos o activos del mercado de dinero como plazos fijos. Entonces, por ejemplo, la tasa esperada para una inversión pasiva, sin gestión y “libre de riesgo” debería asimilarse a un plazo fijo (siempre que obtengamos una renta real positiva, es decir que la tasa de la inversión como mínimo iguale a la inflación). Esto es Rf (Risk free).

Tenemos luego Rm (Risk market) concepto asociado al rendimiento promedio de un mercado en el largo plazo, es la parte de la fórmula que se refiere a la renta a la que podemos aspirar para una estrategia pasiva en un mercado de renta variable, es el rendimiento de largo plazo de las acciones. Podemos asociar esta renta a la que podemos obtener bajo una estrategia de Index Investing (concepto desarrollado en el capítulo 8).

Por ejemplo, podemos decir que para el mercado de acciones de los Estados Unidos, podemos esperar una renta del 11 por ciento en promedio para el largo plazo, lo que no quiere decir que el año próximo sea esa la renta, sino que fue (reitero, fue) lo que ocurrió si analizamos los últimos 10 años.

Avanzando en la lectura de la fórmula propuesta, podemos ver que Rf es restado a Rm (Rm – Rf). Esto se debe a que en el riesgo de mercado ya está contenido el rendimiento libre de riesgo. Si aplicamos el sentido común lo veremos claro.

Supongamos que deseo realizar una inversión en un mercado de acciones, si no esperara una renta mayor a la tasa libre de riesgo, simplemente no sería lógico asumir el riesgo de la renta variable. Si Rf fuera igual a Rm, nadie que fuese racional invertiría en acciones. Dado esto, es lógico pensar que dentro de Rm ya esté contenida Rf, siendo así y como en la fórmula ya está sumada Rf (primer término), es que la restamos en esta parte.

De todas formas, esta resta es una convención en el mundo de las finanzas, recibe el nombre de Market Risk Premium (MRP). En la siguiente tabla, podemos observar el MRP promedio en 2011 para una serie de países de todo el mundo.

7. Ganar, ganar

Si circunscribimos la forma a: R = Rf + (Rm – Rf), para cualquier mercado tenemos una referencia de la renta que podemos esperar (o exigir) a una inversión pasiva de largo plazo en el mercado de acciones del país que estemos analizando.

Nos falta agregar Beta (fí) para establecer la renta esperada de un activo específico. Esta letra griega representa la fluctuación pasada (y esperada) para un activo respecto de su mercado. Por ejemplo, de una acción con Beta 1 cabe esperar que se comporte (al alza y a la baja) de igual modo que el mercado. Si por ejemplo el mercado subiera un 10 por ciento, podríamos esperar que nuestra acción subiera un 10 por ciento (o algo menos o algo más), pero si el mercado baja 10 por ciento, deberíamos esperar igual baja por parte de nuestra acción.

En el caso de una acción con Beta 2, podríamos esperar una suba de 20 por ciento si el mercado sube 10 por ciento y una baja de 20 por ciento si el mercado baja un 10 por ciento. Como vemos, la Beta se refiere a la volatilización del activo en estudio. Vale destacar que para su construcción, se utilizan datos del pasado, por eso señalamos que el comportamiento del activo podría o debería ser y nunca decimos que será. Por caso la Beta de Coca-Cola (KO) en 1996 era de 1,2 y mientras escribo este libro es de 0,51.

En este punto, seguramente se preguntará cómo obtener la Beta. Si bien existe un cálculo en plan de simplificar, diremos que pueden utilizarse las publicadas en Google Finance o Yahoo Finance. Estos sitios brindan datos muy confiables.

Completando la fórmula, podemos obtener una idea de la renta esperada para un activo, lo cual obviamente diferirá de su desempaño real en la medida en que vayamos siendo más específicos y más activos. Si completamos la fórmula y pretendemos que una acción rinda exactamente lo que calculamos, nos veremos en problemas, pues son tantos los factores que afectan el precio que, en el corto plazo, tendremos grandes fluctuaciones. Además debemos pensar que cuando pasamos de calcular una referencia para “el mercado” a establecer la renta esperada de una sola acción, estaríamos pasando de una estrategia pasiva (el mercado en su conjunto) a una situación de selección de acciones (en este caso, una) lo que significa una actitud activa, y como ya hemos analizado, el rendimiento activo, a priori, va a depender de la “mano” del gestor.

En el próximo capítulo, trataremos formas activas de acercarse al mercado, por lo que podremos tener un mejor acercamiento a estas herramientas y a las posibilidades que nos brindan.