CASOS DE “COACHING” BAJO EL MODELO COMPETENCIAL

Modelo competencial Bodhi-22: un deportista de alto rendimiento

La reunión con el deportista de elite había sido concertada con un mes de anticipación. Inicialmente, se trabajó bajo el modelo competencial para evaluar su incorporación al proceso de “coaching”. Sin embargo, dado el número tan alto de gaps o discrepancias producidos, el “coach” estuvo hablando con el deportista sobre los datos que habían salido del informe.

El “coachee” o deportista comentó la posibilidad de que “no se le conociera mucho” por parte de las personas que le habían evaluado a pesar de ser cercanas y con contacto directo profesional con él. En este momento, el “coach” detectó rigidez en los miembros del deportista, indicando una toma de contacto con la necesidad de “mantenerse fuerte” ante lo que podía ser una intromisión o una crítica sobre él. El trabajo del “coach” se centró en dos aspectos, uno en el de la observación de los entornos, y otro, el de la inteligencia emocional.

El de la observación de los entornos se basaba principalmente en intentar que el deportista tuviera más fuentes de información de sus comportamientos, lo que se denominan “espejos”. Este primer acercamiento se hizo con recursos externos al “coaching” para trabajar la observación y la escucha activa.

De este modo, el programa de entrenamiento permitió que el deportista pudiera acercarse a otras realidades más allá de su única percepción. El proceso se alargó casi seis meses. Durante ese tiempo, se comenzó a trabajar en temas de inteligencia emocional para mejorar sus niveles de rendimiento. En ese mismo plazo de seis meses se procedió a continuar el proceso de “coaching” sólo para trabajar la competencia de inteligencia emocional. Los objetivos planteados en estas sesiones fueron varios:

  1. Comprender el papel de la inteligencia emocional en su comportamiento deportivo (analizar incidentes críticos emocionales propios y ajenos).
  2. Observar los efectos sobre el rendimiento deportivo que tiene el saber canalizar la energía emocional (prácticas de entrenamiento bajo estados de ondas cerebrales beta, prácticas de visualización en estado de relax, técnicas de autocontrol emocional y análisis de la coherencia cardíaca).

Como ejemplo de incidente crítico o situaciones que se hayan dado en el deportista de alta emocionalidad y que hayan dado lugar a un resultado excelente o a un resultado realmente malo, el deportista utilizó un ejemplo de situación de mal resultado. En un momento determinado de la competición, el deportista se vio sujeto a una situación más alta de estrés de lo que normalmente tenía. Su origen se debía a una inestabilidad o problema en la relación profesional con su entrenador. Este problema, inicialmente no considerado como estresor en la sesión de “coaching”, surgió de modo espontáneo cuando relató el incidente crítico. En este caso se determinó la importancia de la estabilidad emocional y apoyo familiar para el resultado de alto rendimiento del deportista. Se trabajó bajo el modelo de Mayer, Salovey y Caruso de la inteligencia emocional, con cuatro preguntas básicas:

  1. ¿Qué siento? (identificar).
  2. ¿Cómo me quiero sentir? (utilizar).
  3. ¿Qué causó esas emociones? (comprender).
  4. ¿Cómo gestionar la situación emocional? (gestionar).

Bajo este sencillo planteamiento, se trabajó con el deportista la relación profesional con el entrenador, y se analizó punto por punto la resolución emocional de la situación.

Este sencillo modelo requiere práctica para poder internalizarlo y seguir mejorando en las relaciones emocionales del deportista con su entorno. En los primeros pasos, el deportista tuvo que escribir en una libreta los incidentes emocionales tal y como habían ocurrido, dejando para la hoja de atrás de cada caso la resolución según el modelo. Así, el deportista aprendía a resolver sus situaciones emocionales aunque fuera después de que hubieran pasado. Esto permitió que el deportista pudiera poco a poco internalizar todo el proceso y fuera mejorando las relaciones emocionales. Automáticamente cada mejora relacional implicaba un grado de mejoría en su rendimiento, obteniendo poco a poco un nivel superior en los resultados y en el rendimiento de respuesta motora fina, así como en la concentración.

Pasados los seis meses se dio por cerrado el proceso de “coaching” basado en la inteligencia emocional y también el entrenamiento en observación y escucha activa. Posteriormente, se volvió a evaluar al deportista con el Bodhi-22 obteniendo un cuadro muy diferente en las evaluaciones. El deportista había sacado de la zona ciega la flexibilidad, la orientación al aprendizaje, el trabajo en equipo y el autoconocimiento, aunque muchas de ellas aún seguían siendo área de mejora; necesitaba más entrenamiento diario y convencimiento de cara a sus evaluadores. Con el tiempo, el deportista hizo un tercer proceso evaluativo, en este caso el normal anual que se hace, donde obtuvo ya puntos fuertes en autoconocimiento y aprendizaje, aunque la flexibilidad seguía siendo un área de mejora. Pero esta evolución en su perfil competencial le ha permitido al deportista profundizar en su mejora continua, sobre todo cuando ha visto la relación directa que ha tenido con los resultados.

En este punto, el deportista comprendió la esencia del viaje del “coaching” y de la mejora continua, por lo que actualmente sigue utilizando dichas técnicas en su proceso de desarrollo profesional. Actualmente está trabajando la competencia de la flexibilidad.

Método de incidentes críticos: el tenis y el juego interior, el éxito que pesa

Su golpe de drive era excelente, el revés lo había mejorado bastante, en el saque le faltaba aún potencia, y su velocidad y forma física estaban en un punto álgido. Esto le permitió que en poco tiempo destacara en los torneos y comenzara a obtener sus primeros éxitos en los campeonatos que frecuentaba. Sin embargo, después del primer torneo que ganó a nivel profesional y cuando todo su entorno más le pronosticaba un futuro prometedor, se fue viniendo abajo. Algo le pasaba pues ya no se movía igual por la pista. Repasaron los últimos partidos, entrenaron sin parar, pero algo pasaba, no conseguía sacar esos golpes mágicos que le caracterizaban. El preparador físico y el entrenador estuvieron hablando para analizar desde un punto de vista externo qué hacer. Y una de las alternativas que barajaron fue, precisamente, solicitar la ayuda de un “coach” deportivo que pudiera analizar el juego del deportista desde otra perspectiva que a ellos se les escapaba.

El “coach” entró en contacto con el equipo técnico para analizar la situación que le demandaban. Le dieron material de los últimos partidos y se entrevistaron individualmente con el “coach”, que quería recoger la máxima información posible antes de tener la primera sesión de “coaching”. El equipo técnico coincidía en la gran forma que tenía el deportista. Técnicamente estaba en una condición perfecta; de hecho, las gráficas de su evolución técnica mantenían la tendencia creciente. Sin embargo, todos coincidían en que fue a partir de su primera y única gran victoria profesional cuando algo le pasó que había perdido la confianza en sus golpes. Le faltaba la chispa que siempre mantenía en el partido y que le daba esa diferencia de los ganadores. Lo habían hablado mucho con él, pero aunque reconocía sus bajos resultados a partir de su victoria estelar, no le daba tanta importancia como su equipo técnico. Bromeaba con ellos y les decía que no se preocuparan, que la magia volvería, que se relajaran un poco pues dando tanta importancia al tema al final le iban a preocupar de verdad. Este razonamiento parecía haber sido efectivo al principio, pero con el paso de los torneos el equipo técnico comenzó a preocuparse en serio, aunque no el tenista. Su razonamiento era que aún necesitaba mucho más aprendizaje y mejora para seguir estando al nivel de los torneos que jugaba ahora, que aquel torneo lo había ganado por una confluencia de situaciones, donde varios de los mejores en el ranking actual habían caído en las eliminatorias previas. Sin embargo, el equipo técnico pensaba que el tenista había entrado en una zona de confort que le impedía ver lo que para los demás parecía evidente. Quizá el detonante fue su eliminatoria en la última competición delante de un rival técnicamente muy inferior. Fue el momento de buscar alguna alternativa debido a que el equipo técnico ya no podía avanzar.

El tenista habló con el equipo técnico cuando regresaron del torneo; se reunieron para analizar posibles soluciones. En ese momento su entrenador le mencionó la posibilidad de un “coach” deportivo. El tenista, aunque conocía qué hacían los “coaches” deportivos, mostró algo de extrañeza ante tal sugerencia. No alcanzaba a comprender qué necesitaba del “coach” deportivo; sin embargo, el razonamiento con el resto del equipo le convenció de que buscara nuevas alternativas a lo que estaba haciendo. Había que hacer algo, en eso estaban todos de acuerdo, y en eso se apoyaron para que tuviera un proceso de “coaching” deportivo.

El tenista entró con algo de escepticismo a la primera sesión de “coaching”. El “coach” había pactado un proceso de “coaching” de 8 sesiones en un tiempo de seis meses. Sabía que el jugador no comprendía aún muy bien los posibles beneficios que podía tener el “coaching”. Al fin y al cabo, entendía que eso pasaba en muchos procesos, y precisamente una de las fortalezas del “coaching” era su demostración práctica y profesional, su orientación a los resultados.

La primera sesión fue en la zona deportiva donde normalmente entrenaba el deportista. Pero en vez de quedarse en un espacio cerrado, el “coach” le propuso que le enseñara las instalaciones. Sabía que tenía que ganarse su confianza, y quería conocer cómo se sentía el deportista en su propio espacio, quería conocer anécdotas de sus entrenamientos, su gente, su día a día más allá de las competiciones. Y qué mejor que entrar en su mundo desde la curiosidad y la sencillez. Fueron casi tres horas de charla sincera, de conversación a veces trivial, a veces más profunda. Todo fluía fácilmente. Y ambos se encontraron a gusto. Hablaron del tenis como deporte, lo que significaba para el jugador, la gente que le había apoyado, los momentos intensos que había vivido en estas instalaciones, llenos de anécdotas y curiosidades. Hablaron de “coaching”, lo que significaba y el valor que aportaba al deporte y a las organizaciones en general. El “coach” le comentó experiencias y procesos donde había participado, y compartieron un espacio común muy agradable. Ambos salieron satisfechos de esa primera sesión. El jugador mostró interés en tener una segunda sesión y seguir con el proceso. El “coach” le había puesto deberes al jugador, le pidió que compartiera con él los mejores momentos de su carrera tenística, tanto en fotos como en vídeos. Además le pidió al jugador que eligiera el siguiente espacio donde volver a compartirlos, algún espacio significativo para él.

Pasó una semana y se volvieron a ver; habían cruzado algunos correos electrónicos y algún mensaje de móvil, y al final el lugar elegido fue el primer club donde tanto tiempo había pasado el jugador desde su niñez. Reservaron una sala pequeña para poder charlar con tranquilidad y ver los vídeos en el ordenador, además de pasear por el centro. Éste estaba en peores condiciones de lo que imaginaba el jugador, pero sus recuerdos estaban intactos. Como en el centro sabían que pasaría el jugador, habían acudido algunos conocidos y lo saludaron, pero eso no impidió que nada más verse la conversación fuera muy fluida. El jugador habló de sus ilusiones de niño, de sus primeros torneos, de sus entrenadores, y le comentó varios escenarios que habían sido significativos en aquella época. En realidad hizo un recorrido casi emocional por su evolución a través de momentos significativos. Y siempre, después de cada historia, el “coach” le preguntaba al jugador cómo se sentía. Éste lo miraba a veces sorprendido, pero pronto aprendió a comunicarse emocionalmente, y se acostumbró a esas preguntas. Lo interesante era que recordar esas emociones le cargaba de energía inconscientemente, le hacía visualizar momentos de gran importancia de su carrera, y verse en ellos de nuevo. Así fue contactando con su esencia de jugador, de deportista, contactó con su disfrute, con sus ilusiones, y le gustó. Le gustó sentirse en ese viaje por el que tanto había luchado. Y notaba y sobre todo sentía lo que estaba pasando. Por eso, en un momento de la sesión le preguntó al “coach” si lo que quería era conectarlo con su ilusión. El “coach” asintió y contestó que en cierto modo tenía razón. Pero que no lo había pensado tanto, sencillamente quería conocer incidentes críticos de su desarrollo profesional. Fue la primera vez que le mencionó esa expresión. A continuación el “coach” le explicó que esa técnica se utilizaba para identificar competencias, actitudes y comportamientos que ejemplificaran la excelencia profesional. Y esto de algún modo marcaba los hitos que le habían dado la esencia de su éxito profesional. Era como entender qué había hecho en esos momentos, cómo se había sentido, cuáles eran sus miedos y sus esperanzas en esos puntos críticos en que había dado lo máximo en sus habilidades. Y así, uno a uno, fue narrando esos momentos. Pasaron las horas de modo muy rápido, y, al final, cerraron la sesión con un hasta pronto.

El “coach” sabía que cuando se trabajan las emociones desde el enfoque de incidentes críticos hay que ir muy despacio, ser muy observador, no tener prisa y dejar que las experiencias vayan reposando. Las prisas son malas en estos casos, y por eso, tras pasar más de tres horas de nuevo, decidieron verse al cabo de dos semanas. Esta vez el “coach” le había pedido que seleccionara tres de sus momentos más importantes en su carrera profesional y que trabajaran sólo sobre uno de ellos toda la sesión. El “coach” pretendía volver a conectar al deportista con el camino que le había llevado al éxito, pero siempre desde su narrativa y vivencias.

En la tercera sesión, el “coach” decidió el lugar: un hotel rural a las afueras de la ciudad, donde tenían todo el salón para poder charlar y dialogar. De los tres momentos, el jugador eligió uno por lo crítico que fue para su éxito actual. Y a partir de ahí, el “coach” se dedicó a intentar comprender todo lo que había pasado en aquel momento. Las condiciones eran que el jugador tenía que hablar siempre desde el yo (“yo me comprometí.yo arriesgué…”) y que tenía que expresar tanto pensamientos como actitudes, pero sobre todo comportamientos y emociones. Analizaron el antes del momento, el durante y el después. Analizaron los apoyos, el equipo que siempre había tenido detrás, los recursos que tenía y cómo en aquel momento estaba centrado en mejorar su saque sobre todo. Estuvieron casi más de una hora con todo tipo de detalles, y al final el “coach” le preguntó:

  • ¿Quéqueda de toda esa emoción?
  • Pues queda mucho aún, pues creo que sigo viviendo en esa nube y no me acabo de creer lo que me ha pasado, contestó con sinceridad el jugador.
  • Y ¿qué le diría ese chaval en aquel momento a este que tengo delante?
  • .. ¡vayapreguntas haces! -exclamó el jugador-, y frotándose la cabeza prosiguió: creo que mirándome desde aquel chaval me daría una colleja fuerte y me recordaría por dónde he pasado para llegar aquí, para ahora tirarlo todo por la borda.
  • ¿Eso piensas, que lo estás tirando todo por la borda?
  • Sí, creo que desde ese chaval todo es más sencillo, todo es más directo, me he llenado de complejidades que no necesito y he perdido el rumbo en cierto modo.
  • ¿Has perdido el rumbo? -inquirió el “coach” repitiendo su última expresión.
  • Sí, no lo había pensado así tan claro, pero desde ese chaval que fui me sale casi automático. En aquel momento tenía mucha menos presión y disfrutaba mucho más el tenis. Ahora intento disfrutar pero creo que me impongo un ritmo mucho más alto del que puedo alcanzar y eso me tensa fácilmente.
  • ¿Todo esto lo has hablado con tu equipo?
  • No, no quiero defraudarles, tienen tantas expectativas en mí, que doy lo máximo que puedo.
  • Y ¿no es eso lo que hace un deportista de elite?
  • Sí y no. Sí porque tenemos que ponernos continuamente al límite. Nos retamos, competimos y todos queremos ganar. En estos niveles nadie quiere perder ni jugando a las cartas. Pero algo ha pasado en los últimos meses, fue vencer el gran torneo y notar como que algo cambiaba en mí. Me exijo tanto que pierdo la concentración. Y repito sin parar, mejoro mi técnica, pero noto que algo en mí me pide ir más despacio ahora.
  • ¿Significa que después de ganar el gran torneo te pediste mucho más de lo que te pedías antes?
  • Sí, claro. Tener esa nueva posición implicaba un salto cualitativo que yo debería dar.
  • Pero ¿qué fue el salto cualitativo?, ¿no lo fue el hecho de ganar?
  • Sí, pero era como entrar en otra dimensión y eso requería que yo fuera también otro. Que abandonara lo que fui.
  • ¿Es eso realmente lo que piensas?
  • Bueno, es lo que pensamos todos los del equipo.
  • Pero ¿y tú? ¿quépiensas?
  • Bueno, hemos trabajado muy duro para llegar a este punto. Y ahora no debería perder la oportunidad.
  • Sí, pero dime una cosa ¿qué es lo que te ha llevado a estar en ese nivel?
  • Pues el trabajo de muchos años de sacrificio y también de disfrute.
  • ¿Y ahora?
  • Pues que parece que sólo veo el sacrificio y encima lo duplico.
  • ¿Yel disfrute?
  • Pues supongo que está también.
  • ¿Supones?
  • Bueno, como a este nivel contactas con la responsabilidad, eso me hace dejar cosas.
  • ¿Yquieres dejarlas?
  • No, no quiero dejarlas, pero tengo que dejarlas.
  • ¿Tienes que dejarlas?
  • Sí, eso he dicho.
  • ¿Quién te obliga? “Tener que” supone estar obligado a hacer algo.
  • Bueno, las circunstancias me obligan.
  • ¿Y tú qué quieres hacer?
  • Bueno, me encantaría seguir disfrutando como lo hacía antes, pero ahora el nivel de mis oponentes es mayor y encima ahora me miran de modo diferente.
  • ¿Y qué te lo impide?
  • Pues nada en realidad,pero creo que tengo que… ¡uy!perdón…ya lo he vuelto a decir. Sí, comprendo lo que intentas decirme. Que siga teniendo el control de mi rendimiento y de mi éxito. Pero es que nadie está preparado para todo esto.
  • Bueno, eso de nadie es hablar de otros. Yo prefiero seguir hablando de ti.
  • Pues eso, que no estoy preparado para todo este cambio que ha supuesto ganar un gran premio.
  • ¿Qué necesitarías para estar preparado?
  • No lo sé. Me imagino que más tiempo.
  • ¿Tiempo para?
  • Tiempo para disfrutar lo que me ha pasado y tiempo para pensar y sentirlo todo.
  • ¿Qué te lo impide?
  • Pues que tenemos torneo tras torneo.
  • ¿Y no puedes hacer algo?
  • Pues sí, en realidad sí que podría. Me he dejado llevar mucho, y yo notaba cómo no era yo mismo.
  • Piensa en esos acontecimientos críticos que me has destacado. ¿Qué había en común en todos ellos?
  • Mi progreso, mi lucha, mi sacrificio…
  • Sí, pero ¿qué hay detrás de todo eso?
  • ¿Del sacrificio?
  • Sí, por ejemplo.
  • Pues me imagino que mi capacidad de lucha.
  • ¿Y por qué tanto sacrificio y tanta lucha?
  • Pues porque toda mi vida he soñado con estar donde estoy ahora.
  • Cuéntame tu sueño…

Con esto, el “coach” contactó con el verdadero sueño del jugador. Durante más de media hora el jugador contactó con su infancia, con su diversión preferida, con su regocijo y su obsesión infantil. Comprendió claramente que el “coach” le llevaba hacia la esencia de su sacrificio, hacia el verdadero objetivo que era ser él mismo, en ese retarse y comprobar sus habilidades. Eso es lo que en realidad le divertía y le daba toda la motivación para estar hora tras hora, día tras día, año tras año. Todos sus momentos más importantes compartían la misma esencia, su pasión, su delirio, su amor por el tenis.

La sesión había sido larga y profunda, acabaron algo cansados los dos y decidieron retirarse. Pero el jugador le pidió al “coach” verle otra vez al día siguiente. Quería repasar los otros dos momentos que había elegido y buscar conexiones. Estaba, por primera vez en su vida profesional, conectando explícitamente con su yo interior. Y eso le gustaba, ahora estaba como un observador de su propia vida. Ahora tenía más herramientas para poder concentrarse en su propia esencia profesional.

El trabajo se concentró a lo largo de una semana en tres sesiones más. Y el deportista volvió a entrenar con su equipo. Pero volvió con un nuevo espíritu, una nueva disciplina, y sobre todo con una nueva sonrisa. Y eso les gustó a todos los miembros del equipo.

El trabajo con los incidentes críticos permite a los profesionales encontrar aquellos factores que les han llevado al éxito para poder reflexionar y sentirlos en el presente. A veces se olvida el éxito y los factores que lo precipitan porque se vive demasiado en los retos siguientes, sin dar tiempo a analizar paso a paso lo que acontece en la vida de estos profesionales de éxito, más aún cuando estos factores están altamente cargados de dimensiones emocionales. Y para eso no están preparados muchos de nuestros deportistas. El trabajo del “coach” se ha centrado en aquellas historias, relatos y acontecimientos que han marcado como hitos el devenir profesional del deportista. Y eso ha permitido que el jugador contacte con su esencia más profunda que le ha llevado a ser un tenista de éxito. Pero ese viaje no es sencillo, requiere su tiempo, su acompañamiento, su visualización y toda una técnica que permite sacar lo mejor del jugador. Después de un primer proceso centrado en recuperar la motivación del jugador, se continuó trabajando más allá de las sesiones pactadas para mejorar la inteligencia emocional del jugador en la cancha. Eso potenciaría más aún su concentración y rendimiento de su musculatura fina, aparte de darle siempre un “saber estar” en la cancha que potenció más aún su imagen. Pero este proceso es largo y de continuo entrenamiento, uno más que añadir a sus jornadas físicas y de entrenamiento deportivo.