EL PAPEL DE LAS CREENCIAS

El trabajo sobre las cogniciones es muy importante entre los deportistas debido a la presión por obtener el éxito. La reestructuración cognitiva tiene como primer objetivo que el deportista tome conciencia de sus pensamientos automáticos habituales, para luego hacerle ver el vínculo entre esos pensamientos, sus estados emocionales y sus conductas, estableciendo después interpretaciones más realistas.

Existen distintas técnicas de reestructuración cognitiva para la modificación de valores, creencias y actitudes, resultando ser muy útiles las estrategias cognitivas propuestas por Beck y Ellis, desarrolladas en la Terapia Cognitiva y la Terapia Racional Emotiva, que por otro lado son la base del propio “coaching”. Sin embargo, el trabajo con creencias es delicado, pues éstas cubren la necesidad del ser humano de agarrarse a certezas sobre sí mismo y sobre el mundo que le rodea. La eliminación de una creencia deja a la persona ante un vacío que podría crear una crisis personal; por ello no se puede pretender eliminar una creencia sin cambiarla por otra más posibilitadora para la persona, y sin tener en cuenta la función de estabilidad y seguridad que ha tenido para ella en el pasado.

El “coach” debe tener la destreza necesaria para que poco a poco, mediante las preguntas, el sujeto vaya cuestionándose la propia creencia, y, una vez que se den las condiciones necesarias, producir el cambio. Sólo así evitará el rechazo del cliente y se podrá paliar, en cierto grado, la resistencia al cambio. Una vez identificada esa creencia mediante la interacción lingüística y siempre y cuando el “coachee” quiera cambiarla, se procederá a debilitarla con hechos, a valorar la antigua función y a observar qué efectos negativos ha producido. Después pasaríamos a la orientación hacia la nueva creencia y la incorporación de la misma mediante un plan de acción. Las técnicas y estrategias a utilizar son variadas, y su elección dependerá del nivel de formación, experiencia y en definitiva del rigor del “coach”, pero también puede que el “coachee” necesite formación específica en la materia, además de “coaching”.

El “coach” puede, por ejemplo, incitar a sus clientes a identificar los pensamientos limitantes o erróneos (Burns establece más de 10 categorías diferentes de este tipo de pensamientos) y al desafío de sustituirlos por pensamientos más constructivos, productivos y altamente funcionales. Sin embargo, en el caso de encontrarse con un deportista que tenga creencias negativas muy arraigadas, debe derivarlo a un experto en psicología del deporte. Algunos de los pensamientos irracionales que puede tener el deportista son del tipo absolutista, como por ejemplo: “siempre me desequilibro en ese giro, todo me sale fatal, nunca lo había hecho así de mal”. Otros son una exageración de las consecuencias: “si pierdo será terrible, me echarán del equipo”. O bien de obligación: “tengo que ganarle como sea”, “debo ganarle o lo perderé todo”.

Una vez detectado el pensamiento negativo, las técnicas para producir el cambio son variadas. Resulta muy útil aplicar alguna de las técnicas cognitivas como la “detención del pensamiento”, justo en el momento en que aparece el pensamiento negativo, que va acompañado de una emoción. En realidad, la técnica asocia elementos cognitivos con un condicionamiento conductual. Un chasquido de dedos, una palmada u otra acción con especial significado, una palabra o frase dichas en voz alta con convicción o firmeza harán más fácil esta parada del pensamiento, haciendo que poco a poco el deportista lo automatice. A continuación se podrá sustituir el pensamiento perturbador por otro más positivo y relevante para el deportista y que traiga consigo una emoción positiva, por ejemplo, mediante frases a modo de eslogan que liberen imágenes y emociones: “vamos”, “he hecho esto antes, puedo repetirlo”. Otra de las formas de mejorar su diálogo interno es programando su subconsciente mediante afirmaciones en primera persona del presente con el objetivo ya logrado y redactadas en positivo, nunca del tipo “no fallaré el saque”; ocurriría lo mismo que al decirle a usted, lector: “no piense en una manzana roja”. ¿Qué es lo primero que ha visto?

Las personas son capaces de realizar sólo aquello que creen que pueden hacer. Para el fortalecimiento de la confianza se pueden usar “afirmaciones” que son un tipo de autodiálogo que evoca sentimientos y comportamientos positivos sobre uno mismo: “soy fuerte como un toro”, “realmente puedo ganar bajo presión” o “esto ya lo he hecho antes, puedo repetirlo”.

El diálogo interno, autodiálogo o autoinforme, es decir, “hablarse a sí mismo”, es la clave del control del pensamiento. Tanto el contenido de esos pensamientos como el cuándo se producen afectan a la autoconfianza, el autoconcepto y la conducta. El autodiálogo se puede utilizar para múltiples aspectos del deporte de competición: en la adquisición de destrezas, para el cambio de hábitos, es decir, para desaprender una conducta consolidada y reemplazarla por la deseable (en este sentido el autodiálogo debe referirse a los aspectos deseables y evitar términos que evoquen lo que no se debe hacer), para el control atencional (“pensar en presente”, en el aquí y el ahora), para el control del estado de ánimo y los estados afectivos (“nada ni nadie pueden alterarme”). El decirse a uno mismo “rápido”, “vamos” se ha comprobado que puede incrementar la velocidad, incluso palabras como “a tope” o “vamos” son importantes ayudas en movimientos explosivos. Para el control del esfuerzo se pueden usar frases del tipo: “vamos a por ello”, “fácil”, “agárrate”, “empuja”, “sigue”, en fin, las utilidades son múltiples.

Los pensamientos limitantes afectan a las creencias acerca de la propia capacidad; si se cambia la forma de pensar sobre uno mismo, se amplían los recursos. Una persona con alto nivel de autoeficacia tiene como frases de su diálogo interno el “yopuedo hacerlo” y “yo lo haré”. Son personas que fijan objetivos, ejecutan las acciones necesarias y encuentran los recursos, las ideas y las soluciones.

El “coach” puede pedir al deportista que recuerde su autodiálogo antes, durante y después de diversas situaciones de fuerte exigencia o especial relevancia para él, y que las registre por escrito. Puede incitarle a rememorar su último fracaso en una competición, lo que se decía a sí mismo antes, durante y después de la misma. A continuación, la reflexión se aplicaría a una situación exitosa en competición o entrenamientos, tratando de encontrar esos pensamientos o autodiálogo que en el pasado le sirvieron de ayuda para conseguir el triunfo, quizá una simple palabra o frase corta. Poco a poco al deportista le resultará más fácil imprimir por escrito alguna de estas conversaciones positivas para luego elegir alguna afirmación que pueda decirse a sí mismo en el futuro, pero de una forma ya consciente. El proceso debe ser dinámico, para modificar si fuera necesario el tipo de afirmación, pudiendo tener preparadas varias para utilizar en función de sus necesidades, para relajarse, activarse, darse ánimos. Es importante que se redacten en primera persona, basadas en los puntos fuertes, y siempre redactadas de forma positiva, nunca mediante negaciones ni autoinsultos. A medida que se ejercite esta técnica de forma consciente y regular en los entrenamientos, se irá automatizando y será más fácil generalizarla a otras situaciones de mayor tensión como es la propia competición.

El autodiálogo es una representación mental perteneciente principalmente al sistema verbal, pero si va acompañado del ensayo mental mediante imágenes que liberan emociones es mucho más efectivo. La idea es visualizarse a uno mismo, con gran detalle, consiguiendo el logro u objetivo seleccionado antes de hacerlo en la realidad. Está comprobado que la visualización pone en funcionamiento las mismas conexiones neuromusculares que si estuviera sucediendo el hecho en la realidad, evidentemente a una intensidad menor. Es una forma de programar el cerebro y todo el sistema nervioso como si se tratara de un simulador. Tiene múltiples aplicaciones, ayudar a salir de la zona cómoda para expandir la propia autoimagen, aumentar o disminuir el nivel de activación, perfeccionar aspectos técnicos, etc. Ésta es una de las herramientas que más se utilizan en el deporte de alto rendimiento y otro de los recursos o herramientas con que el “coaching” deportivo cuenta para incrementar la percepción de autoeficacia.

Es importante insistir en el papel del “coaching” para evitar que el deportista atribuya un fracaso a su falta de habilidad, incitando a que lo haga hacia factores que pueda controlar, y potenciando, de esta manera, la creación de expectativas y estados emocionales positivos. Para conseguir el cambio de percepción hay que hacerle ver al deportista que su atribución es incorrecta y que desde una perspectiva más objetiva, y sobre todo más funcional, la atribución correcta para el fracaso puede ser otra. En términos generales, salvo que realmente sea cierta la percepción del deportista y no sea factible otra explicación, es preferible hacerle atribuir el fracaso a una falta de esfuerzo, de estrategia, a aspectos específicos de la técnica o de una cualidad susceptible de mejora. En definitiva, las atribuciones deben ser percibidas por el deportista como controlables, sólo así conseguirá una alta percepción de autoeficacia. Puede que momentáneamente atribuir el fracaso a causas externas alivie temporalmente la frustración, pero es más funcional y positivo realizar un análisis objetivo de la situación para sentir que las causas del fracaso están bajo el control del deportista y así poder evitarlas en el futuro.

Asimismo, ante un logro o éxito es positivo que el deportista lo atribuya a factores internos (percibiéndose como el causante de dicho éxito), a factores estables (que lo perciba como fruto de un trabajo constante), ya que eso incidirá sobre las expectativas de futuro, y por último que perciba que las causas de ese éxito están bajo su control.

A continuación se dan a modo de ejemplo algunas cuestiones que puede realizar el “coach” para invitar al deportista a la reflexión y determinar las atribuciones que hace de las causas del éxito o del fracaso.

Atribuciones a la habilidad. ¿Cuál es el número o porcentaje de éxitos obtenidos?, ¿cuál es el número y tipología de tareas difíciles realizadas con éxito?, ¿y el de las ejecuciones deportivas perfectas?

Atribuciones al esfuerzo. ¿Cuál es la relación entre la actuación y la importancia personal de la meta?, ¿cuál fue el grado de tensión percibida?, ¿qué síntomas recuerda, sudoración, palpitación?, ¿cuál fue el grado de persistencia en la tarea?

Atribuciones a la dificultad de la tarea. ¿Qué características objetivas tiene la tarea?, ¿cuál es el significado social normalizado de lo que es difícil o fácil?, ¿y comparándolo con uno mismo?

Atribuciones a la suerte. ¿Hubo resultados inesperados, extraños o incontrolables?, ¿detecta alguna incongruencia entre los resultados obtenidos y los de anteriores ocasiones?

COACHING” PARA SENTIRSE CAPAZ, AMPLIAR LA AUTOCONCIENCIA, LA SENSACIÓN DE CONTROL Y LA PRODUCTIVIDAD

Favorecer la elevada conciencia de autoeficacia estableciendo objetivos acertados y un adecuado procesamiento de la información procedente de sus cuatro fuentes de información son herramientas muy útiles para conseguir lograr ese punto óptimo de percepción subjetiva de la propia competencia, que hará que, a igual capacidad real entre dos sujetos, obtenga mejores resultados el que se juzga capaz. Ese punto ligeramente por encima de la capacidad o habilidad real es el que hace que uno se atreva a pensar en grandes metas, pero, al mismo tiempo, le aleje de la tan perjudicial falsa confianza.

La conciencia de autoeficacia (concepto entre la metacognición y la motivación) y el “coaching” han sido el título inspirador de este capítulo por el importante papel que éste puede ejercer sobre aquélla. Aunque es una conciencia que se va formando desde muy temprana edad, también es una formación dinámica, donde el “coach” puede y debe intervenir, evidentemente sin pretender que un proceso de “coaching”, por sus limitaciones en cuanto a tiempo, pueda producir grandes cambios y duraderos, lo que sólo se alcanzará cuando el sujeto los internice.

También se ha hecho hincapié en el proceso de fijar metas y la importancia de simultanear los objetivos de ejecución (las acciones o conductas concretas) con los de resultados (ganar o perder), así como en algunas otras técnicas cognitivas para el control del pensamiento, habiéndose mencionado brevemente otras técnicas que también podrían utilizarse en un proceso de “coaching”. Se ha considerado que, para mejorar la percepción de autoeficacia, el trabajo sobre el control del pensamiento podría preceder al trabajo en imaginación y al entrenamiento del “arousal”, ya que los deportistas no necesitan destrezas para la imaginación y regulación del “arousal” antes de examinar sus autoinformes y las técnicas cognitivas para mejorar la ejecución y desarrollar la autoconfianza. No cabe duda de que si se tiene la oportunidad de realizar una evaluación objetiva del rendimiento basada en tareas y competencias en relación con los resultados, garantizaremos una percepción más madura y consistente.

La percepción de autoeficacia, influyendo básicamente sobre el nivel de compromiso y perseverancia ante los obstáculos, el nivel de estrés percibido y la determinación para la acción, hace más factible el logro de grandes metas. Los éxitos conseguidos y la atribución de los mismos a la propia conducta incrementan de nuevo esta percepción, facilitando la fijación de objetivos de mayor envergadura. La conciencia de autoeficacia es tanto una causa como una consecuencia de los éxitos o resultados de ejecución. El “coaching” debe contribuir no sólo a la adecuada percepción de los éxitos, relacionándolos con conductas internas, específicas y controlables, sino también de los fracasos, convirtiendo éstos en experiencias de “fracaso controlado”, que son aquellas en las que se percibe un control razonable de la situación, lo cual hará también factible el fortalecimiento de esta conciencia.

Quizá al principio el deportista prefiera que le digan cuáles deberían ser sus metas, pero es esencial que él mismo acepte la responsabilidad de sus actuaciones y contribuya de forma especial al establecimiento de metas individuales. Ampliando el nivel de conciencia, el deportista no sólo se dará cuenta por sí mismo de si mantiene el equilibrio, de si un grupo de músculos presenta demasiada tensión, de si en un momento dado sus pensamientos están siendo autolimitantes o de cuál es su propio nivel de “arousal”, sino también de que los beneficios de ampliar su nivel de conciencia son múltiples. El deportista aumenta su grado de control de la situación cuando reflexiona sobre su estado ideal de ejecución, sobre las ejecuciones pasadas, y cuando evalúa y detecta puntos fuertes y débiles para poder potenciar los unos, o corregir los otros. A medida que mejora el autocontrol, los deportistas experimentan un sentido creciente de éxito.

La disminución de toma de conciencia que muestran muchos deportistas es probablemente fruto del propio proceso de socialización deportiva, en la cual la autoridad incuestionable del equipo técnico y la función del “coach”- entrenador eran de carácter eminentemente directivo y con frecuencia autoritario. No por ello debe obviarse la autoridad de los expertos, pero cada vez más los entrenadores usan un estilo de liderazgo menos dogmático. Los tiempos cambian y en la carrera del deportista ya no sólo hay semáforos; la ampliación de la conciencia, la responsabilidad y la iniciativa serán las condiciones para circular con éxito por las rotondas del futuro, que ya están aquí.

El “coaching” es una herramienta para mirar hacia dentro de uno mismo y ver algo más allá del éxito o del fracaso, del ganar o del perder; es un método para ampliar la autoconciencia, para objetivar lo subjetivado y, cómo no, también para saber que:

“Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él. ”

(G. Bernard Shaw)